>Es nuestro

>Siempre hay un antes y un después,
pero eso no arregla nada.
El cuerpo toma las riendas,
cortando toda retirada.
Se enquista el alma y desangra,
demorando la calma
que ella misma reclama.

Se rompen los arcos
y se tira en quebrantos.

Mañana, no es plausible salirse del tacto áspero del descuento.

Rompes cadenas que se enredan en tus piernas.
Vas viendo que pierdes, aunque pongas remedios.

Estamos expuestos a todo,
pero lo vemos como si fuera otro cuento
del que componemos un argumento.

Es nuestro.

Nos implica hasta los huesos.

Rompe nuestras seguridades
y de ello nos dolemos tanto
que hasta nos rompemos.

El tiempo no pacta.
Nos rompe en mitades,
achicando los intentos.

Hubo otro tiempo,
o quizás lo creemos,
pero en él nos sabemos.

Tuvimos ese otro momento,
en que las cosas estaban estables.

Eso hemos hecho de ese pasado que queremos traer a este calvario del que no podemos evadir nuestro cuerpo.


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>Los pasos te conducen

>


Bienvenidos a mi espacio sideral

Cerró el libro con la sensación de estar flotando en ese universo narrativo.
Solía enfrascarse en las historias que leía con saciedad.
Aquel librito había permanecido en la estantería durante no se sabía cuanto tiempo.
Recordaba sus encuentros con ellos. Los libros fueron su pasión.
Nada más le había arrastrado en la vida.
Se recordaba a la sombra de un árbol, mientras su padre iba de un lado a otro en busca de esos barbos que acabarían en la sartén para la cena.
También escribía versos. Largos poemas de reivindicación, que un buen día acabarían alimentando el fuego de la caldera de la calefacción, en aquel tiempo en que tenían esa en la cocina de la casa.
A su lado tuvo una caja con jerséis gastados para arropar a Currito, su cordero.
Su tía le había llevado el segundo de un parto.
A decir de ella, la oveja sólo se ocuparía de uno, y a ese habría que alimentarlo con biberón.
Hizo un biberón con una botella pequeña de cerveza, de las de quinto, con una tetina que encontraría en la farmacia.
El día que decidieron que debía ser alimento, ella enfermó ante el plato.
Le entregaron su piel. Con ella vivió sus primeros años de libertad.
Una libertad que ahora sabe perdida.
El final te vuelve a la nada, pero ese retorno es crudo y áspero.
Leer la evade de ese sentimiento.
Ha viajado de la mano de esa heroína de cuento.
La que expuesta a la masacre de esas guerras tribales, escapa y ve como el hombre al que ama se desangra, salvando el pellejo tras el percance.
Las hordas humanas han dado cuenta de las vidas que a su paso se cruzaban, pero la heroína será quien narre el hecho, para ello es ella quien sale indemne en el cuerpo, que no en el alma.
Aquella novela empezaba en un jardín y un recuerdo de antiguos amantes desgastados por el tiempo.
Termina tras el fuego de la pasión y el remanso del recuerdo de ese amor.
Su vida no tiene mansas aguas.
De ella se aqueja.
De ella se espanta.
Volvería a andarla con el lastre que la acompaña.
No se elige. Los pasos te conducen.
No en vano, se depende de todos los anclajes.


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>ESPERANZA

>A mi esperanza le falta algo.

Un no sé qué.

Un no se sabe.

Quizá mañana tras la maraña detecte que me he olvidado y no sepa de qué.

Quizá anoche mientras dormía vino un ángel a recordarme que aún estoy viva.

Es muy posible que del olvido nunca me olvide.

Es muy posible que ni siquiera lo resucite.

Es muy posible que nunca tenga que ir a él.

Mi vida entera está contenida en un deseo atribuido a una quimera.

Yo no he tenido.

Yo no tendré.

Fue con el aire.

Se fue con él.

No me recuerdes.

No me pienses nunca.

Yo nunca fui.

Era un engaño que me lacera.

Lo he olvidado a base de una quimera.

Quiméricos sueños me lo trajeron, con ellos sea.

Que te olvidé.

Eso es mentira.

Te olvidaré.

¿De qué?

¿De quien?

Nada es serena voz de mi vida.

Todo es un sueño que recordando parece memoria de una ilusión tenida.

Confundo un algo que no ocurrió.

Difundo un viento que no soplo.

Lacero el alma con un dolor que no existió.

Discurro en versos lo que no se dio.

Al aire, de la mañana helada, le lanzo secas palabras, para que se congelen y petrifiquen tras las montañas, adhiriéndose a las rocas, para que las hierbas lo achiquen y mezclen con tierra que sirva de base a alguna planta que florezca y fructifique.

Yo estoy seca. De mi útero no hubo fruto ni lo habrá. De mi alma hubo deseo que muerto está.

Vagaré sin alma por este mundo baldío recreando versos vacíos.

Nunca oirás si no quieres.

Nunca verás si tampoco.

No vale la pena que por aquí te pasees.

Alegra tu vida en la luz que te ilumina.

Construye tus propias zalemas, que las mías ya no son tuyas, que yo ya no miro tu cara, ni tu sombra, ni tu memoria. Que he cerrado con llave y cadenas tirando todo resquicio y posibilidad.

Que aunque quiera me negaré toda posibilidad.

He venido a derramar el veneno que me daña.

He venido a salpicar con él mi mala saña.

He venido a lavar mi ofensa.

Ahora queda la tristeza, la tiesura de no más.

Ahora queda corrompida la memoria de verdad.

Este duelo ha sido largo, por tu engaño y falsedad.

Fue cobarde tu postura y por ello me tiraste al lodazal.

Sé que en nada me has ganado.

He dejado de adorarte, de quererte y desearte.

He dejado de mirarte y ahora queda olvidar que ese daño ha secado mi esperanza.

Queda decir palabras insanas que lavan y curan el alma.

La vida es así de ingrata.

El mayor de los engaños es el que una misma se da.

No me engañaste.

Me creí que lo que tenías era espejo de lo que por ti yo sentía.

No fuiste capaz de evitar que mi alma se enganchara.

No sabías ni sabrás.

Es la mano del inocente la que más daño te hace, pues para no decir que no, aparenta y es peor.

>No te engañas

>¿Y ahora qué queda?

Queda seguir en el punto del alma que un día se quedo atrapado cual mariposa que aproximándose a la llama quedó allí extasiada.

Queda mirarse desde dentro y estimarse como el mejor de los regalos de la vida.

Queda estar en un camino propio del que nadie será tenido en cuenta hasta que el olvido sea definitivo.

Queda explicarse a lo largo de renglones escritos al desaire.

Queda dejar de hablarte para seguir la vida sin tu compañía.

Queda el retorno a la misma soledad.

Queda cultivar aquel jardín que por descuido ha dejado crecer hierbas en desorden anulando aquello que otro tiempo era propio.

Queda saberse en un recorrido por el propio trayecto vital.

Queda ser en una mirada propia.

No es fácil.

Ahora el camino es largo.

Sin retorno a ese estado de ambigüedad que ha durado largo tiempo en un si un no que no has sabido aclarar.

El raciocinio no ha sido capaz de dar forma a la escapada.

Ésta ha sido dada sin poderla controlar.

En este momento la quietud se impone.

Los sentidos están dormidos.

Los deseos no demandan.

Te dejas llevar.

La única referencia es tu propia huella que sobre el suelo deja rastro difuso.

Sales de ese cubículo maternal que un día, a la fuerza, tuviste que abandonar.

Nada te toca.

Nada cobra valor a tu alrededor.

Todo resbala sobre tu alma.

La entrada está cerrada.

Sabes que a partir de ahora el camino es más largo.

Si han sido meses llegar a este punto, ahora son años.

Será el viaje iniciático que te acercará a ese nivel del alma en que las cosas terrenas dejan de tener importancia.

Sabes que el tiempo en ti se para. Que un buen día el espejo te devolverá la mirada. Te verás desde el lado en que sabrás, de nuevo, que otro paso has dado.

Se antepondrá a ti un nuevo caminar.

Nunca más volverás a mirar.

Ya no va contigo.

No es algo que tú debas cuidar.

Está en manos de otros.

A ti te queda un futuro de largo recorrido en el que caer a nuevo abismos.

Ese es tu camino.

Ahora es el momento de lamer tus heridas y reponer las fuerzas perdidas.

Un mechón blanco se abre paso, marcando que el camino de la diosa está tomado.

Amaste al joven rompiendo todos los límites.

Le amaste hasta la locura.

Llegaste a ese límite que casi por descuido te dejó pendida en el aire.

Le amaste porque el alma reconoció aquello que tus sentidos negaban.

Amaste.

No amas.

Quedas herida.

Un helado rayo se clavó en tu alma.

El corazón no sangra.

El corazón bombea.

Vino un ángel a liberarte.

Sus preguntas abrieron esa salida.

No te engañas.

Cuesta decirse las cosas.

Las cosas se imponen.

Nada en ti entra a la fuerza.

Una vida que sigue su rumbo, como muchas otras.

Tu presencia en la vida no es otra que la de moverte en medio de sentimientos que arrastran hoyando en tu alma.

>Nada queda

>Es tibia la calma que se avecina.

Cae la venda de los ojos.

No te creas.

Cuesta mirar allí dónde lo estás viendo.

Ves que te enredan.

La mentira piadosa es la más dolorosa.

Te engañas con esas patrañas.

Dejas constancia.

Un día lees esas palabras y constatas que sabiéndolo seguías ciega.

Los ojos ven lo que el alma niega.

Ha costado leer y romperse.

Al fin pasas por esos versos sin más sentimiento.

Ya nada te hiere.

El olvido es manifiesto.

Nada es otra cosa, que mero recuerdo.

No hay daño ni dolor.

No hay ningún sentimiento.

Te has desprendido de lo que a esa vida le pase.

Miras afirmaciones pasadas y no las encajas.

Declinas en ellas palabras.

Delirios fueron que te hicieron ver ante ti falsos movimientos.

Caminaste en un malvivir.

Ahora renaces.

Un invierno que se avecina se compone de brotes nuevos que dentro de cubículo maduran.

El corazón en tus manos cuidado.

Eres quien se cuida de ti misma.

Soñaste sueños que creíste verdades.

Tú ya sabes.

No importa.

No duele.

Renaces.

Tras la infección de ese infecto sentimiento te reconoces sanada y fuerte.

Liberada.

No hay dolor. Si lo hubo todo ha ido al mismo saco del olvido.

Nada queda.

Recuerdas que hubo alguien.

Uno de muchos que con el tiempo no será ni olvido ni nadie.

Jugó contigo. Ni siquiera eso te afecta. Es indiferencia.

Llegas al final de este camino.

Para emprender otra senda se hace necesario limpiar el camino.

Hoy recibiste una sonrisa abierta.

Eso quiere decir mucho de ti misma.

Recibimos en acto reflejo lo que proyectamos sobre los otros.

Sorprendida no entendías a que venía tan buen recibimiento.

Ahora sabes que es tu gesto el que transmite serena mente y placidez.

Lo que tanto buscaste se ha posado en tu hombro dándote la luz que proyectas.

¿Será el aura que se manifiesta?

Antes debía ser una oscura sombra de dolor que crispaba el contacto que nadie sabía interpretar y tú menos aún.

>Adiós te decía cuando no podía.

>Las ilusiones al principio me llevaron más allá de las nubes. Flotaba en todo instante. Pensaba que estarías allí. Creí en ti.

Pienso en la distancia que no era así, que era una fantasía que cobro vida en mí. Un delirio que ha arrastrado mis lágrimas largas horas y que al fin he dejado en un saco, olvidado a la vuelta de la esquina.

¿De qué esquina?

No recuerdo el trayecto recorrido.

Te olvidé.

Recuerdo que eras tú.

Se tu nombre. El que tú me dijiste.

Ya no te recuerdo a ti.

Mi cuerpo no sigue esas trazas.

Mi piel ha olvidado por dónde pací.

Te has ido de forma imprevista.

Ya no estás aquí.

Que vengas o no, en nada me importa.

Te olvidé al fin.

Debería alegrarme, pero un gusto salobre me hiere las carnes.

El alma en letargo se ausenta de mí.

Sé que hubo un día que creí en ti.

Abrasaste mi alma.

Me hiciste vivir.

Tras tantos engaños, te olvidé al fin.

Fueron otros ecos que me hicieron girar.

Fueron fuegos fatuos que aunque baldíos me sacaron de este extravió.

Te he olvidado.

Lo que sentí.

Lo que viví.

Como un sueño falso.

Te dejé al fin.

Soy libre de sentir por otros lo que por ti sentí.

Esperaré dispuesta a verlos venir.

Si no es así gozaré la vida y la luz que hoy está en mí.

Ya no tengo quejas.

Te olvide al fin.

Quiero que lo sepas.

No te lo puedo decir.

Sabrás que he olvidado porque no verás en mis ojos lo que antaño te di.

Sabrás porque mis palabras no hablarán de ti.

Sabrás porque sentirás que el aire no lleva mi llanto.

Sabrás porque nunca más me acercaré a ti.

Adiós te decía cuando no podía.

Ahora desconozco cual es la vía que a ti conducía.