>APUNTE 61

>Los dedos de los pies se asientan en la arena.
El agua los quema.
Un ocaso la calma llena.

Paisajes en contraste.
El espejo actualiza cada día la misma escena.
Distinta en la retina.

Una fractura se abre paso.
La sima del mundo está en el alma.
Las manos la reclaman.

Cuerpos enlazados.
Suelo enlodado.

Un instante para tocar lo inmenso.

En tus brazos y un beso.


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>María

>-No son mis palabras, son tus silencios que no puedo soportar.
Escribía Juan en la pantalla aporreando el teclado y esperando la respuesta que ella callaba.
Se encontraban en un Chat.
Eso es un decir, porque ella se limitaba a estar.
-Sé que me escuchas.
-Dime algo.
-No me tengas en ascuas.

Ella reía mientras leía.
Había dejado que fuera él quien diera el paso.
Eso era su ventaja.
El siguiente ella lo daría.

María, había sufrido largos años de frustración, tras haber aceptado casarse con Ramón. Su familia no hubiera entendido que desechara la oportunidad que un matrimonio ventajoso le brindaba.

Hacía tanto de aquello que ni siquiera dolía, pero los juegos a que él la sometía le enseñaron.
Sabía qué.
Dejarse hacer sin que su alma quedara.

Estuvo siempre dispuesta a los requerimientos y en cualquier momento.
De ello nunca hubo fruto.
Su vientre nunca se hinchó.
Puso los medios para evitarlo.
Cuando él quedaba dormido iba rápido a vaciar su copa y eso funcionó.
Un truco que alguien le enseñó dio resultado.
No quiso hijos. Eso no le hubiera permitido mantener su alma al margen de lo vivido.
A él no parecía importarle.
Ya tenía su prole escampada por todo el valle.
Era un cacique de los de antes.
El tiempo no corre igual para todo el mundo.
Su marido vivía en el otro siglo.
Las habladurías la señalaban como la mujer seca.
Gozaba del privilegio de ser la señora ante su pueblo.
Asco, eso es lo que sentía al verles plegar su gesto al pasar ante ellos.
La nieve había dado fruto.
Sus negocios eran múltiples. Llegaban a rincones increíbles.
A los hombres se les maneja como se quiere.
Hay que saber sacar partido.
María había nacido con ese encanto que les subyuga.
Nacido y aprendido a utilizarlo.

Mientras leía en el teclado lo que su víctima escribía se pintaba las uñas y sonreía.

-Este es el mejor de los inventos, pero empieza a aburrirme.

Dejó escrito.
Ahora queda esperar. Pensaba mientras marchaba dejando la conexión abierta.

Ya tenía otro juguete que destrozar.


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>Julián

>Carlos se ha levantado de la mesa y dejado la servilleta sobre la silla, dejando al resto sin palabras.
Todo ha comenzado por una simpleza. Eli le ha replicado delante de sus hijos y eso ha sido la gota que ha rebasado el vaso.
Los abuelos se han mirado perplejos y Nina, la peque, se ha puesto a llorar.
Ella ha explicitado la tensión que ha desatado la furia contenida de su papá.

-¡Hija, no es para tanto!
-Hay que saber callar.
Ha dicho la abuela, mientras el abuelo ha hecho un gesto de reprobación.

-¡Mamá, tienes razón!
Se oye decir Julián, el niño que está empezando a ser un hombrecito.
-Papá se equivoca y tiene que entender que tú también piensas.
-No tienes que decir a todo amén.
-¡Tú vales!
Mientras formula estas palabras, las manos le tiemblan.
No sabe si podría hacerlo delante de su padre.
Es imposible que lo haya oído, porque ha marchado a la calle dando un portazo, pero se siente inseguro.
Su padre ha sido autoritario a más no poder.

Recuerda que una vez se hizo encima, ante el pánico que le produjo la severidad con que Carlos le había hablado.

Había sido un equívoco, pero eso no tuvo arreglo.
Fue tratado como si hubiera cometido un gran delito.
Había sido el vecino del quinto.
Él no sabía porqué, pero se le había acercado y con espanto había escapado.
Al hacerlo había roto una figurita de porcelana.
Pepín, que así se le llamaba, se había presentado ante sus padres reclamándoles que repusieran ese objeto que con tan mala fortuna había tirado al suelo.
No supo explicarse. No sabía la razón que le había hecho escapar del cerco que le había tendido, pero su instinto le había dado señales de peligro y él lo había seguido.

Ahora sabe del juego prohibido que había eludido.


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>Elena

>Elena sale de casa todas las mañanas a la misma hora.
Se levanta temprano, todos los días del año.
Duerme la noche rota, pero no se resiente.
Se ha acostumbrado a ese quebranto y toma el nuevo día con ganas.
Hoy no hace lo que suele.
Se ha quedado sentada en el sillón, desconcertada.
No sabe que hace en esa casa.
Cuando Lucía se levanta, no se percata de su presencia y marcha, pero al abrir la puerta se extraña. Normalmente Elena deja la puerta cerrada de un solo golpe, sin dar vuelta a la llave, pero eso no le hace volver atrás.
Por la tarde, cuando regresa del trabajo encuentra a su hermana tirada en el suelo, al lado de la puerta.
Al abrirla, algo le impide entrar. Empuja y consigue acceder por el pequeño resquicio que se lo permite.
Al día siguiente, cuando lo pueden hablar, Elena no recuerda nada. Piensa que su hermana la está enredando.
Es tal su indignación que acaba gritando y enfadada se encierra en su habitación.
Ha empezado el retorno.
Ellas no saben a qué van a enfrentarse, pero la memoria deconstruída romperá goznes y medidas.


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>Lourdes

>Lourdes ha saturado el vaso.
Jorge se marcha de casa. Quiere independizarse.
Marcha a Zaragoza a compartir un piso con otros chicos.
No se conocen, pero parecen buena gente.
Llevaba meses diciendo que cogería el petate y se tiraría al monte.
Ella había conseguido dejar de pensarlo.
Ese hijo que arrastró su miseria en esa ciudad pecata, ahora quiere volar.
Se recuerda en sueños de libertad.
Hubo que tragar.
No el vientre abultado, que eso lo tenía claro.
La mirada insidiosa y los cuchicheos al verla pasar.
Había buscado al hombre. Es un decir, porque era muy joven.
No se supo negar.
Quería ese encuentro, pero no esperaba que él la tasara por el rasero de una cualquiera.
Cuando le fue con que estaba preñada, él salió como un cobarde, con aquello de vete a saber de quien era.
Ahora lo piensa y una sonrisa le pone en la mente lo equivocado que estaba.
No estuvo enamorada.
No sabe que es eso.
Se dejó llevar.
Su vida de estudiante se quedó truncada, pero llevo a delante la familia monoparental, trabajando de cajera en un supermercado.
En ese tiempo la ciudad de provincias creció y ella consiguió trabajo.
En casa, todos lo aceptaron.
No pararon en el que dirán.
Le dijo su hermano mayor si quería una reclamación.
Ella dijo que no.
Que hombres cobardes como el padre de lo que llevaba no merecían ni que ella los mirara.
Han pasado los años. Ese hombre es historia pasada.
Su hijo toma vuelo y su nido quedará vacío.
Se duele por dentro.
Las entrañas le queman.
Ese hijo es del alma.
¿Qué será de él sin sus cuidados?
Ya sabe que debe dejarlo alzar el vuelo, pero no puede con ello.
Una lágrima resbala y de un manotazo la espanta.


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>Que se lo cuenten a ella…

>Que se lo cuenten a ella que de tanto barro en los pies alas le vuelan al viento y sin querer.

Recuerdo a esa mujer viuda apagada y sin vida. No era por falta de hombre. Tranquila de no estar a au orden. Era el vacío que queda cuando alguien que oprimía suelta cuerda. Al principio no se sabe que hacer con ella, el cabo queda suelto y nadie tira de ti. Murió el verdugo. Son más las viudas, a pesar de machacadas les sobreviven en muchos casos.

Hoy la veo rejuvenecida. Se apunta a todos los bailes y fiestas. Tiene su grupo de amigas. Ha cerrado las puertas al campo y se ha ido a la ciudad. La gente, que desconoce, dice de ella “Pobrecita”. Ella se lamenta y dice “Que Dios le tenga en lo alto y nos espere muchos años”

Meriendas en la Granja Anita, chocolate con nata y churros. Del colesterol, con la pastilla, ni preocuparse. Ha dejado el luto de rigor y viste nuevo traje. Mira a su alrededor y nada le parece mal. Se alegra por la juventud que ve que tiene libertad. Que critican a fulana que se ha alejado de casa ella dice por lo bajo “Por algo será, si lo ha hecho muy bien hecho”. Piensa para sus adentros “Si yo hablara, pero no hablo, ya vale de amarguras que para una vida que tienes mejor sacarle jugo”. Ríe y goza y en la noche de él ni se acuerda y duerme a pierna suelta. Se apunta a todos los viajes y el ‘aquagim’ que la deja como una rosa. Se arregla y se enjoya. Dicen que los culebrones son comecocos, “No te ralles”, que dicen los más jóvenes. Se lo pasa en grande siguiendo los melodramas. Y el diario de Patricia es para pasárselo en grande. Que le han de contar a ella. Mucho más divertido que los tostones de antes. De labores ni hablarlo, ya las hizo antes. Se ha juntado en el rincón net de Ibercaja con una cuadrilla de gente, jóvenes y menos jóvenes. Le han enseñado a navegar por la web y se lo pasa en grande, sobretodo con el chat. Unos ligoteos que no veas y sin tocarse que da más juego y disfrute. Arrimarse, ya no hay necesidad.

http://aragon.gugara.com/anna-s-biesa/pag_4/