>Hay límetes que no osamos traspasar

>Coherencia.
Se espera.
Se desea.

No basta.
Hay que tirar de la manta.
¿De qué manta?

Innecesaria.

Un hilo del que tiramos.

Un corto en que el símil de deshacer un jersey representa la destrucción del planeta.
Se intercalan imágenes del globo terráqueo con razones de esa reconstrucción.
Miles de mensajes sembrados para abrir conciencias que no tienes operatividad.

Nos hacen sentir culpables del mal ocasionado por los grandes engranajes que también nos tienen bajo su muela.

Desvían nuestra atención hacia el sentimiento de culpa.

Ponen sobre nuestras espaldas el peso que nos aplasta.

No puedo ni con mi alma.
Así un día y otro.
Desgastamos las ganas.

Alas cargadas de mugre.
Aire infecto e irrespirable.

Desgaste.

No tengo palabras alegres.

Rompe la ola en la escollera.
Desangre.

Por aquí y por allí, tanto hambre.

Te sentirás contento.
Te sentirás contenta.

¿De qué?

De tu miserable trozo de pastel.

Casi mejor que así te sientas.

Si no lo vives de esa forma, en nichos de barrios apiñados mientras otros disfrutan de hectáreas y salones, no podrás abrir lo ojos a que mañana sea.
Quise apuntar a una línea de fuga.
Sigo intentando tal.

No me vale la letra hueca.
Mi sino he de apuntar.

Marcharé sin mucho ruido.

Somos multitudes.
No lo olvido.

Nada me impide tomar el teclado y aporrear lo que en otro tiempo hubiera sido hablar.

Cada vez es menos la posibilidad de dialogar.
No hay tiempo.
Masificada la letra en estos sitios, es lo mismo que la mordaza de otro tiempo en que la amenaza hacía callar.

Hay límites que no osamos traspasar.

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>Errantes

>¿Cómo pudieron dañarte?
¿Cómo pudieron diezmarte, sajarte y fracturarte?
¿Qué osadía les hizo tirar el dardo sobre tu pecho dañado?

Alimañas somos, que atacamos a quien dolido sangra.

Como esas gallinas de corral que picotean a la que herida no se puede escapar.

Saciamos el instinto hincando el diente cual vampiros.

Unas veces víctimas y otras esbirros.
Así somos.
Así nacimos.

De adrenalina se carga el instinto.

Rondando sobre esas letras.

La mañana fue oscura.
La pendiente no era insuperable, pero tiraba conteniendo el paso cansado.

El día sería largo.

Recogiendo con presteza unas palabras para que no se oculten en la memoria esquiva.

Horas muertas.
Palabras destiladas en el hueco oscuro del tiempo.

Deseos manifiestos.

Consentimientos.
Con sentimientos.

Cubre el día con su luz, todo lance y acritud.

Errantes.

Esas letras plasmadas en un papel doblado en el bolso.
Ahora ha ido por ellas para dejarlas engarzadas con las ideas prensadas.

Harto difícil destilar aquello que se quiere encajar.

Es algo así como vivir en dos mundos.
Uno de ellos vacío, el otro reconstruido.

Quiere tirar de ella.
No consigue otra cosa que enmascarar ideas que no consigue trenzar.

Hilos.
Hilvanes.
Nudos de desmemoria.

Le será posible saciar.
No será.
Si así fuese, quedaría en la noedad.
Es mejor seguir en la búsqueda.
Eso da posibilidad.

Hubo un tiempo en que las luces del cielo ocultaban las sombras bajo un sombrero.

Palabras mágicas.
Conjuros.
Versos que cantan al unísono desde el origen.
Retorno al vientre oscuro de la primera madre.
Luz.
Reflejo en la noche oscura.
Luna negra aposentada.
Recreando ese baile de brujas.
Encadenando palabras.

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>Mañana fiesta

>He perdido puntos de aplique.
Es cierto que tras un obstáculo salvado o sorteado, damos con otro.
Creíste que podías espectar un posible y das con el marasmo incombustible.
Las horas muertas no producen, pero traman un instante desbordado.
Haces huecos de silencio.
En ellos la paz del alma amansa y acuna tus versos.
No es eso, es la lluvia de descargas.
El agua toma rumbo incontrolado.
Sigue surcos del pasado.
El agua forma parte de ti.
Primigenia mente manda.
Disuelve la piedra en barro.
Allana el monte y la montaña.
Lo que hoy es importante, irrelevante será mañana.
Mañana cobra fuerza y tensa el arco.
El tiempo no se para en mientes.
Ristre de ariete incandescente.
El fuego disuelve y trae aire.
Somos aire.
Suspiro impenitente.
Buscamos asideros desde la torre más alta.
No miramos las calles empedradas que pisamos.
El cielo cae a plomo en nuestros hombros.
Disentimos por sistema.
Construimos sobre tumba ensangrentada.
Savia bruta elaborada con silencios y palabras.
Construimos letanías en el alma.
La ponzoña se apodera deshojando vidas enteras.
¿Tan difícil es dar los pasos?
Cuerda enhebrada en hilachos de esperanza.
No descuides.
Hay substancias que te ofrecen paraísos de miseria.
Ahora ríes.
Pronto la soga al cuello ahogara los pasos conducidos hacía ellas.
Palabras cuerdas.
¿Quién las oyera desde ese rincón propio que a nadie otro llega?
Consejos desoídos a destiempo.
Es la quimera.
Aceptarse es el reto de una vida.
Curvas rotas y trazos del tiempo no valen.
Cada momento es nuevo.
Experiencia es lo que pierdo.
Gano en sentimiento.
El corazón va por delante.
Raciocinio cerró su puerta.
No hay prebendas.
¡Quién las tuviera!
Mañana fiesta.
Otros lloran las ausencias.
Los silencios ocultan tristezas.
Olvido.
Alma se quema.
Aire.
Eso es ella.
Consumida vuelve a su hacienda.
El cuerpo cubre etapas de supervivencia.
Alargar la vida para perderla.

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SOLTANDO RIENDAS

>No me consientes

>Paseo por el paisaje deshojado por la vida.
Respiro.
El aire es frío.
Me tapo.
Evoco un verano.
Ahora caliento mis manos.
No todo fue desechable.
Perder, en un momento dado, abrió nuevas posibilidades.
Así se abre el trapo en que tiño y recoso algunos piazos.
Tengo todo el tiempo del mundo para recordarme.
Es la tarea que sostiene mi lance.
No busco significarme en el aire.
Todo es aire.
Cenizas que caen al barro primigenio que nos une.
De mentiras y lisonjas me huye.
No por eso me coloca por encima de las cosas.
Al contrario.
De ellas la sustancia no es otra.
Hoy por mí, mañana por ti.
No siempre se tiene en cuenta.
Decaes y doblas tu porte.
Miradas que ven lo que ante el espejo no encuentras.
El mundo devuelve la sonrisa que a él desbordas.
Distiende el gesto que el boomerang devuelve en potencia lo que de él sale.
Una sonrisa suele abrir puertas.
Palabras sordas y oídos huecos a tu memoria.
La de tu historia.
Las emociones y las pasiones.
Los dimes y diretes de la gente.
El qué dirán.
No es para tal.
Ahora miras y comprendes.
Eran límites que querían protegerte.
La lucha para romper diques te hizo fuerte.
No me consientes.
Me quieres.

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>La luna

>Prestó al aire mi silencio.
Arranco mi sueño en la mañana.
Confluyo los ayes de mis tiempos.
Recalcó en mí el sentimiento.
Ella sola construyó palabras de mis versos.

La luna.

¡Quién sino podía hacerlo!
Ella controla las mareas y ciclos.
Es la que en la noche palpita en un cielo no visto.
Cuando en las sábanas me arropo, ella guía mis pasos.
En ese viaje no controlado es ella mi faro.

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>No hay marcha atrás

>Volveré a esparcir el polvo, señalando mi destino.
Asiré coplas y versos en engarces descompuestos.
Miraré por ese hueco no visible a otros ojos.

Veré.

Te veré en ellos.

En las líneas de mi cuerpo.
En los ojos que ahora no reconozco.

No recuerdo.

El paño que pasé a penas dejó algo de lo nuestro.

Algo nuestro.
Eso es.

Hubo un día en que quise arrastrarte a mis sueños.
Con caricias y te quiero.

¿Dónde quedó?

Lo hubo.

Ahora recuerdo.

Sin embargo.
No estamos en ello.

¿Hemos muerto?

No te siento.

Volvería a ese abrazo y sentiría tu llanto.

Ese sí está enquistado.
En algún recodo del cerebro que ya no siente tu gesto.

Formas parte de mis muertos.
Formo parte y no lo siento.

Has estado aquí a mi lado y has escapado.

Algo te iba por dentro.

No has osado.
Me he quedado con el aura fantasmal que tu presencia me ha dejado.

¡Tanto tiempo!
Casi ya ni lo cuento.

Sesgos de memoria deshilada me han dejado en la estacada y tú en otros entuertos.
¡Cómo vas a saberme si no has estado dentro!

Impotencia es lo que siento.

Amantes fuimos en otro tiempo.
Por ti bebía los vientos.

Me has visto igual a siempre.
Yo no te encuentro.

Has varado en otros puertos y éste sigue en dique seco.

¿Esperabas desconchados que he tapado?
Has mirado desde la sustancia del recuerdo.

Es posible.
¿Has estado elucubrando lo imposible?

Es posible que me amaras y no importara mi cuerpo.
¿Es mi alma lo que viste en otro tiempo?

Si fue así, llevas premio.
No siempre llegamos tan hondo.
Nos perdemos en el brillo de unos ojos sin adentrarnos en ellos.

Has marchado y lo que por mí ha pasado fugaz, como los recuerdos que recorren nuestra mente cuando se está ante una muerte, ha sido el llanto que se insertó como daga, cuando decidí seguir impulsos arrastrados hacia amantes que para nada merecieron mi atención y ahora son nada.

La vida nos pone ante nosotros mismos.

Inequívoca sigue rastros marcados por pulsos equívocos, para llevarnos a nuestro páramo seco.

Recorremos por ella pisando y orillando lo que más queremos.
No lo sabemos sostener.

Deja de ser.

Es similar a la pérdida de inocencia.

No hay marcha atrás.

Tienes que arredrar y contar que otros ríos vadearás.

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>Hay princesas en los cuentos

>Hay princesas en los cuentos.
No quiero ser una de esas, pero no sé bien si quise serlo.
Recuerdo esa infancia de embebida lectura de cuentos.
El primero de hermanastras y lentejas mezcladas con piedras.
Jugaba con dos galanes, yo para ellos la dama.
La que atada de cuerdas uno de ellos salvaba.
Poníamos una piedra en zapato para parecer mujeres subidas en altos tacones.
Queríamos el pecho abultado.
De modelos nos sembraron.
Rompía mis bragas blancas subiendo y bajando en toboganes improvisados en piedra desgastada por nuestro acto.
Los marrones leotardos se rompían por rodillas.
Subía a árboles y tapias.
De niña saltaba y corría.
A mis tiernos diez años cumplidos, sentada en sillita de anea, pespuntaba y hacía cruceta.
Con ganchillo una mantelería, amarillo oro y blanco damasquinado.
Tierna era y obedecía.
Mis sueños tomaban vuelo a lejanos horizontes.
Cocinitas y juegos de los de niñas.
Ensayos para ser madre.
Cuadernitos de recortes y vestidos de muñecas, a las que en un retalito bastaba pasar los brazos por agujeros recortados con tijeras, de las que hoy no dejamos a manos tiernas por temor a que se hagan daño.
Restos de esmalte para pintar trajes a dibujos de princesas, trazados sobre papel cebolla encontrado en un portal de lo que hoy sé era un lugar de delineantes, dibujantes de planos.
Posiblemente pensé, equivocada, que podía ser una de ellas.
Sin embargo, tomé de la vida la vía más concreta.
Me hice maestra.
Tiernas manos me acompañan, en un tiempo que no pasa por ellas.
Ellas pasan.
Es posible que la vida me haya quedado en letargo. Como el de aquella durmiente que quedó en un jardín enmarañado.
No hubo príncipe que salvara mi ansiedad y rompiera soledad.
Hubo personas que supieron regalarme ese pulso que de mi hace desear volver a empezar a cada instante y renovarme.
Aquellos que sacaron lo mejor de mí misma fueron los príncipes y princesas de este cuento que acaba en un continuará mañana.
Ahora es mañana. Emulando el tema del poeta.

“Ara és demà
No escalfa el sol d’ahir”

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