La voz del silencio

La voz del silencio.

Es la de esa mujer que intenta alimentarse y dar de comer a todos los que acoge en su casa.
Es la de ese joven que no trabaja y no pasa de ser estudiante, acumulando carreras sin futuro.
Es la de los orillados porque no son de utilidad para el mercado de los que tienen en su punto de mira la ganancia a cualquier precio.
Es la de aquellos que, por una u otra razón, se abstienen de dar su opinión y manifestar su desacuerdo porque nadie escucha su voz.
Es la del desencanto de quienes dejan de participar en los movimientos sociales porque la esperanza de una vida mejor se coló por el desagüe.

¡Somos!

Dicen que no te conozco porque no te toco con mis ojos.
¿Acaso somos una imagen en pantalla?
¿Acaso somos un espectro en la cueva?
¡Somos!
Nos sabemos.
Nos vivimos.
Sin máscaras, ni eufemismos.
Abrimos nuestra mente y miramos de frente.
No hay tapujos.
Ponemos nuestra alma sobre el tapete.
Superamos el obstáculo de la materia.
Abrimos los brazos a encuentros que de otro modo nunca se abrían dado.
Nos queremos sin condicionantes de edad, condición u origen.
Encontramos coincidencias y discrepancias que nos unen.
Queremos un mundo mejor.
Y si ponemos piel de cordero sobre lobo, pronto sale a relucir la sobra de la boca que busca el bocado.
Dura poco ese encuentro, que, como muchos en la vida, queda en agua de borrajas.
No por tropezar vamos a dejar de caminar.

Creatividad

Ser creativa no es crear, es imaginar.
Ser capaz de ver lo no visible a los ojos de la razón, desvelando lo que los de la mente intuyen.
Tomar una dirección nueva y abrirse camino.
Pero lo que se dice crear, eso es algo que no está a mi alcance.
Puedo desvelar.
Eso ocurre cuando el contacto con la esencia de lo que tramo se da.
Concito el hado y busco darle paso, siguiendo las riendas sueltas de un trote pausado, o desbocado según sea el caso.
Ante el espacio inmáculo trazo en palabras, líneas o colores; y cuando tengo la sensación de plenitud, el contacto, paro y lo doy por acabado.
Sucede que el tiempo corre en paralelo, mientras atiendo ese encuentro.
A eso lo siento como acto creativo.
No considero que lo conseguido sea una creación mía.
En ello han jugado factores internos y externos.
El sedimento de un trayecto de mi sentir y mirar ha generado en mí el deseo y, dejándome llevar, su fruto.
Imagino y doy rienda suelta a esas pulsiones.

Clea

Hace días que Clea guarda silencio.
Quisiera imaginar, pero se le impone lo real.

Alza el vuelo y mira sobre el paisaje.

Las barreras no llegan a ese lugar.

Las fronteras no son como los mapas políticos las quieren señalar.

Ve montañas cubiertas de blanco manto.

Sobre las nubes el cielo la está deslumbrando.

Quiere alcanzar un lugar en que depositar el tesoro de su memoria.

Una isla en un océano intransitado.
Un lugar al que volver de vez en cuando.

Quiere inventar una geografía nueva.

Unos paisajes en que la vegetación comparta la luz con los seres que en él habiten.

¿Podrá acercarse a los seres que en él estén?

¿Podrá medrar y disfrutar de los cambios climáticos y los días y noches?

¿Se podrá quedar?

¿Se podrá inventar sin más condicionamiento que el de la libertad?