Testifico

He ojeado esos libros. Los he tenido en mis manos y no he sentido la llamada.
Acabo de entrar a un sitio en que podría adquirirlos en digital por la mitad de su valor, pero carillos para ese formato.
El éxito de esa literatura eclipsa otras.
Muchos diálogos y apartados de mensajes, es lo que pude ver.
Nosotras no necesitamos esta literatura, pero parece que lo que en otro tiempo fue la novela romántica, ahora es la erótica.
Sexo explícito o implícito.
La monotonía del día a día. Las presiones vitales a que nos estamos ciñendo.
El imaginario renovado, en un mundo de plásticas sobre el cuerpo que no se quiere envejecido.
Miramos a un horizonte de placer sin mezclar nuestros cuerpos.
Esas lecturas amasan emociones y lubricaciones.
Los blogs de ese talante hace tiempo que han sido de pleno éxito.
No es nuevo que esa literatura haya calado.
Hay otros componentes en la distracción. Los programas que ofrece la televisión.
Estamos en nueva era.
Esto es lo que hay.
Entre tanto, las noticias nos perfilan un oscuro presente abocado a la negación de lo que antes se daba y tenía por posibles.
Recortes que mañana traerán peores males.
Enfermos que no tendrán a qué agarrarse.
Derechos pisoteados.
Saqueos con descaro.
Nos hieren y dan sablazos.
Perdemos a qué agarrarnos.
¡Tocados!
¡Hundidos!
Habrá muchas bajas en esta guerra sin cuartel.
Hemos delegado en otros.
Lo estamos pagando caro.
Perdemos las riendas de nuestros pasos.
Estamos en espacios iluminados por artefactos que pagamos.
Pagamos facturas de consumo.
Alimentamos el monstruo que nos trepana y seca.
La naturaleza está en los anuncios de productos necesarios para sobrevivir en el presente.
Falso presagio.
Entre raíles caminamos.
Murallas alineadas a nuestro paso.
Sacamos el pescuezo buscando encontrarnos.
Pantallas ocupan nuestras mentes.
Deseos solapados.
Compartimos vidas con amantes pasajeros.
No satisfecho el instinto y deseo proyectamos sobre letras huecas fantasías que nos trazan otros.
Escritores que dan cuerda al reloj de un mundo nuevo sin latidos en el corazón.
Pálpitos de voces en artilugios de base dos.
Octetos convertidos en abrazos y besos.
Amores que vienen del paisaje imaginario del encuentro.
Promiscuos nos sentimos libres.
La libertad no tiene sitio en que pacer ni tierra en la que enraizarse.
Clamores en aguas revueltas en que no hay pesca.
Alimentos enlatados y en conserva.
Planchados de rostros que se quieren olvidar del paso del tiempo.
Los valores subvertidos y convertidos en pasado caduco.
Venimos a un mundo que no sabemos disfrutar.
Dejamos que otros dirijan los pasos que hemos de dar.
Traemos hijos para continuar la especie, sin tener en cuenta que hay que poner las cosas en su sitio para dejar el mundo en condiciones para futuras generaciones.
Esta tierra no es tuya ni mía.
Estamos de paso.
Debemos responder de cada uno de nuestros actos.
Nos entretienen con concursos y juegos alimentado el niño que hay dentro de cada uno.
El sexo tiene sus riesgos. Para evitarlo sublimarlo no es bastante. Se alza el juego de culebrones calientes en lecturas que arranquen deseos con ojos ciegos en manos de los invisibles tactos de la carne.
Una mujer fue niña antes. Soñó un futuro que hoy presente es ausente.
En algún caso amodorrada en un hogar que nada nuevo le ofrece.
Si tiene tiempo para distraerse, que es el caso de la mayor parte de los presentes, a no ser que tengan alas de creatividad que hayan sabido desplegar, tendrá que buscar algo que le llene.
Hubo un primer tiempo en que lo que ofertaba la máquina de entretener era suficiente. Parece que ahora con eso no basta. Llegó a tiempo esa literatura para reverdecer el bosque de la lectura.
Nos habíamos hecho un sitio entre los blogs. Ahora decrépito y vacío.
El acto escribidor estaba en manos de la mayor parte de esas mujeres que descubrían la libre manifestación de fantasías sobre el cuerpo insatisfecho.
Hay una literatura que pondría en paralelo, la dirigida a jóvenes y niños. En ella también han florecido algunas sagas.
¿Quedará lugar a la propia imaginación?
¿Será una suerte de libro de formas y gestos a imitar?
¿Tendrá algo de instructivo para quienes han de iniciarse en estos juegos de la carne y el alma?
¿Alimentará nuevos planos de realidad en que satisfacer las ganas?
¿Dará pie a lúbricas acciones?
De momento me abstengo de dedicarle mi tiempo a esos textos.
Quiero seguir en mi imaginario y buscarme en las letras que concite mi pulso sobre el teclado o en el papel.
Busco mi voz y el eco de lo que la vida me ofrece.
Sé que no podré quedarme al margen, porque éste hecho marcará nuevos bucles a mi alrededor.
Ha habido otras modas que pasaron sin rozarme, pero en este caso me siento demasiado cerca, dado que uso mi letra para dar paso a textos que en algún momento se mueven en eros.
Ayer, en el trayecto de regreso, el paisaje me presentó la forma de la central nuclear de Vandellos. Eso y otras señales de la transformación de un paisaje que nunca será el de antes.
A pocos pasos, la gente holgaba en las playas.
¿Cuál era la contaminación a qué estaban, ignorantes, sometidos?
¿Cuál la que sufrimos los que pasamos por allí en un tren que raudo y veloz traspasaba el espacio en busca de un retorno al asfalto?
Nada que ver con los viajes en tren de madera de tiempos pasados.
No en vano estoy a dos años de los sesenta.
La vida me dibuja perspectivas y constancias.


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