En esta cárcel se hicieron polvo mis huesos…

En esta cárcel se hicieron polvo mis huesos.
Ahora espero la visita de incautos, para asustarlos.
Amargo placer.
Salen espantados, haciendo que esa victoria me sea amarga.
Miro a lo lejos un paisaje que no conserva nada de lo que tuvo en los días en que, desde las ventanas, pensaba evadirme eludiendo a mis carceleros.
Cada día me daban un mendrugo de pan y un cubo con agua.
Un buen día, el campo se tiño de sangre y nadie recordó mi encarcelamiento.
Morí de inanición royendo los nudillos de mis magros dedos.

Reencuentro

Ha pasado tanto tiempo. La mitad de toda una vida. Y si se tiene en cuenta que la infancia es como el limbo, dos cuartas partes de mayor calado desde que el naufragio nos dejó en orillas lejanas.
Este retorno en que los restos del naufragio son visibles desde las dos orillas es algo difícil de digerir.
Nada vuelve a ser lo mismo.
Se sobrevivió en la ausencia y ahora hay presencia.
No es posible desconchar la cáscara de ese tiempo que nos separa.
Mucho más que la distancia.
Muchas pieles fueron cayendo.
Anduve sobreviviendo.
La muerte enseña su espejo de proximidad.
Debo alegrarme.