En esta cárcel se hicieron polvo mis huesos…

En esta cárcel se hicieron polvo mis huesos.
Ahora espero la visita de incautos, para asustarlos.
Amargo placer.
Salen espantados, haciendo que esa victoria me sea amarga.
Miro a lo lejos un paisaje que no conserva nada de lo que tuvo en los días en que, desde las ventanas, pensaba evadirme eludiendo a mis carceleros.
Cada día me daban un mendrugo de pan y un cubo con agua.
Un buen día, el campo se tiño de sangre y nadie recordó mi encarcelamiento.
Morí de inanición royendo los nudillos de mis magros dedos.

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