A vueltas

Agota a los días entre esas paredes. Cuando amanecía y la luz esclarecía el espacio que le circundaba, solía responder a una llamada de retorno. Ese ritmo asociado a la luz diurna le despertaba. Sentía el entumecimiento contraído. Liberaba, poco poco, los párpados, abriendo un ojo para orientarse. En ese momento pensaba en esas limitaciones que la vida le regalaba a cambio de seguir en ella. Sus pasos eran una rutina siempre repetida. Incorporarse, pasando por sentarse en la orilla de la cama, y calzando las zapatillas, procurando ajustarse a ellas, saliendo del dormitorio sin hacer ruido para no despertarme. Despertar antes le daba más de una hora para sí. El siguiente paso, en su arrastre, por sentir las articulaciones anquilosadas, ponerse la abrigada bata y salir a tientas a subir persianas. La luz al completo, guiada por la mínima que el amanecido día le regalaba. A continuación, observar termómetro y reloj. Ya el cuerpo espabilado. Ojos libres y articulaciones sin contención. Abrir la llave de paso para encender el gas. Sacar bote de café y los complementos que cree le serán beneficiosos. No siempre los mismos.

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