Evelyn (ellas)

Mis madres siguieron juntas, a pesar de haber estado a punto de separase. Cuando Nines se fue no hubiera imaginado ese cambio. De lo cual me alegré. Cuando vino a buscarme con el niño vi en su semblante una determinación desconocida.
Siempre he sabido qué las unió. Nunca ha habido secretos para mí. Creo que la fuerte es Nines. Es fiel y tiene claro cuáles son sus prioridades. Ama a Michelle de tal manera, que sino porque lo veo me costaría creer. Es una entrega total. Precisamente por ser ella así, porque también lo es conmigo y Adamo, no entendí su reacción cuando volvimos después de la enfermedad de Clara.
Siempre se supo la fijación que por ella sentía Michelle, y todas fueron cómplices facilitando que estuviera a su lado. Recuerdo que desde que tengo memoria, si hemos estado con ellas, Nines y Domi les han dejado su espacio para que pudieran estar juntas. Aunque creo que no ha ocurrido nada entre ellas, quizá porque se les pasó su momento.
El caso es que mis madres se han reconciliado, y parece que ahora están mejor que antes, sobre todo Nines. La veo más decidida e independiente. Lo cual me alegra. Ha vuelto a canturrear y bailotear con mi peque. La música anima el ambiente de casa.
Michelle parece estar de nuevo metida entre pinceles. Pasa horas en la habitación que tiene como taller. Ahora es muy colorista. Me dijo que son pinturas fractales que crea partiendo de modelos conseguidos con programas informáticos. Disfruta inmersa en su mundo creativo. A veces no sale en todo el día y parte de la noche. En ese caso, Nicole le va llevando comida y bebida, para que picotee.
Nicole hace tiempo que vive con nosotras. Desde que me quedé sola cuando estuvieron con sus amigas.
Desde la exposición no han vuelto a venir sus amigas. Y mis madres no parece que tengan ganas de viajar.
La que va y viene soy yo, porque si no me veo a menudo con Clari, la nieta de Clara, me desespero. Ella viene cuando puede. Trabaja en la empresa en que lo hacía Domi.
Queremos dejarnos libertad para conocer a otras u otros. A mí ya no me atrae tener otras relaciones, pero no quiero atarla. Me gustaría que pidiera a le empresa que la trasladaran a París. Podría, pero quiero que salga de ella. Soy feliz a su lado.

Nines y Michelle

Si fuera posible detener el tiempo y dar marcha atrás, hasta ese momento en que dimos un paso que cambió el rumbo de las cosas, de manera tal que nos dejó atrapados en ese instante que no estará a nuestro alcance.
Michelle daría cualquier cosa por enmendarlo, pero nada sería posible, porque su naturaleza volvería a llevarla por los mismos meandros.
Ese anclaje emocional que parecía constreñirla, no impedía su vivir habitual. Mantenía la misma relación con Nines.
Cuando marcharon sus amigas, habló con ella sobre la conversación que había mantenido con Clara, lamentándose de no ser correspondida. Nines la consoló y le entregó su cariño, sin retroceder ante el encuentro íntimo que en ese momento se propiciaba. Agradecida de su sinceridad y del hecho de que su amante compartiera con ella sus emociones. Se sabía próxima y eso le bastaba. Estaban las dos. Eso era lo que importaba.

Clara y Domi

Al día siguiente marcharon. Clara le explicó a Domi parte de la conversación. Lo hizo con tristeza. No sabía que podía suceder en el futuro, porque le incomodaba haber visto a Michelle en esa situación.
Recordó lo mucho que había sufrido en el pasado, cuando la otra cortó sin darle explicaciones.
Seguía sin entenderlo. La actitud de esa mujer siempre se le antojo complicada, si se la tenía como amante. Supuso que Nines debía sufrir mucho.
Se preguntó si ella hubiera soportado una relación así, y se dijo que no, que no hubiera resistido, o que hubiera salido malparada.
Era fácil pensar en relaciones abiertas, pero no se sentía capaz de saberlas vivir.
No tenía ese impulso que en aquellos tiempos le hubiera cegado y arrastrado a esa relación.
La estabilidad emocional era fundamental.
Domi le confesó haber guardado silencio sobre lo que Michelle le había dicho, temerosa de lo que con ello pudiera suscitar.
Clara hubiera ido prevenida, si ella se lo hubiera dicho, pero tampoco le sentó bien que Domi se lo hubiera ocultado.
_Ese silencio, por tu parte, me hace pensar que no confías._ le dijo.
La desconfianza era una sombra con la que tendrían que bregar.
Saldrían perdiendo, porque iría enmarañándolo todo. Tanto que por ello se fueron distanciando.

Clara (conversan)

Clarita fue con ellas. Tenía ganas de encontrarse de nuevo con Evelyn. Habían pasado demasiados días desde su visita. Entre ellas la amistad era algo más. De niñas se habían descubierto la una en la otra. En el despertar habían jugado y satisfecho deseos de proximidad.
Los encuentros furtivos, ocultos a los demás, empezaban a generarles el deseo de continuidad. Mantenían contacto por medios que ya no les bastaban, aunque tenían claro vivir lo que la vida pudiera ofrecerles.
Todas ellas juntas y animadas. La exposición centró su interés.
Inevitablemente, Michelle y Clara frente a frente. Las dejaron solas, tras los días de más actividad.
Clara escuchó y guardó silencio.
Para ella era demasiado tarde. Lo que tiempo atrás nació en ella se había consumido. Apreciaba esa amistad, pero no quería alimentar falsas esperanzas.
_Es posible que hubiéramos vivido un amor que perdió su oportunidad.
_Ahora es tarde. No quiero dar marcha atrás.
_Sufrí tanto en ese momento.
_No haces bien en quedarte anclada.
_Mi vida está llena. No la quiero cambiar.
_Cuídate y no te obsesiones.
Esto le decía, sintiendo cierta tristeza por ella. Le apreciaba mucho, pero no estaba dispuesta a exponerse, porque desconfiaba de ese posible amor, y porque no quería exponer a Domi. Tampoco tenía curiosidad.
Hay puertas que cerradas quedan atrás.
Michelle lloraba en silencio. Se sentía frágil frente a ella. Veía que haber hablado era peor, porque le costaría normalizar su relación.
Se avergonzaba, al constatar que no era correspondida y que estaba haciendo daño a su pareja y a su mejor amiga.

Michelle y Nines (retorno)

Pospusieron las palabras y dieron paso a los gestos y caricias cuando, en el amanecer, bañadas por la luz que inundaba el horizonte lejano con un sol madrugador sintieron el deseo renacer.
Amarse era lo que su naturaleza buscaba.
Si la felicidad tiene su momento, ese fue.
Silenciaron aquello que se había fracturado. Estaban en esa situación en que no hace falta nombrar, porque la mirada lo dice. Y en su caso era retorno a la plácida unión y el goce.
Los preparativos de la exposición retrospectiva estaban avanzados. Nines se incorporó al proyecto.
Cuando todo estuvo a punto, invitaron a sus amigas. Clara y Domi estarían para la inauguración.

Nines y Michelle (reconciliación)

Evelyn y Clarita se encontraron. Entre ellas la amistad.
Nines se quedó con el pequeño en casa de sus padres.
Domi regresó. No le explicó a Clara lo que le había confesado Michelle. Esperaba que no dieran el paso que favoreciera el encuentro.
Nines se acercó a verlas, y al tiempo a recoger a su hija para regresar juntas. Los días pasados con sus padres le permitieron mirar su situación con otra perspectiva. Se recriminó por no haber sabido encajar algo que ella mejor que nadie sabía. De sobra le era conocido. Antes de que las mismas protagonistas se percataran, ella tenía conocimiento de los deseos frustrados entre esas dos mujeres. Volvería a ocupar su lugar. Michelle lo era todo para ella. Si no la aceptaba en lo íntimo siempre tendría su presencia. Habían quedado en no separarse, y no desaprovecharía la oportunidad de envejecer a su lado, y si era posible, acompañarla hasta el fin de su viaje. Se recriminó por no haber sabido encajar ese golpe. Ella que había perdonado su promiscuo manejo a lo largo del tiempo. Resistiría éste y otros embates, si anteponía el amor absoluto que por ella sentía. Y, quizá, algún día recordaría estos momentos como borrascas pasajeras.
Hubiera querido hablar con Clara, pero se limitó a mantener con ella conversaciones amables y superficiales, en los dos días que estuvo en su casa. No coincidió con Domi, que tras el encuentro con Michelle se quedó un tiempo arreglando asuntos laborales.
El niño centro la atención. Sus monerías fueron tema y objeto de conversación.
Cuando regresaron fue recibida por Michelle con mucho cariño. Ella le dijo que no volviera a ausentarse, que le había añorado muchísimo, y aquella noche fue en su busca, y acercándose a la calidez de su cuerpo le hizo el amor con fiereza inusitada, gozando y haciéndola sentir que la deseaba como hacía tiempo no le había hecho notar. Vibró en el contacto de su piel. Lamió los recovecos y rincones más deseados, meciéndose en sus brazos. Gimió y lloró hasta perder la vida en esa pequeña muerte que le otorgaba placer infinito. Si ese instante hubiera permanecido, no le hubiera importado perecer en él. Al cabo, cuando ese juego de amor y placer llegó a su fin, rieron y aplacaron todos sus miedos, quedando fundidas en abrazo de una sobre la espalda de la otra de lado y entraron en dulce sueño. En ese momento las nubes oscuras que les atenazaban parecieron haberse disipado.