Michelle y Domi

Michelle se quedó en la casa de Domi. Temió el rechazo, y por ello no se lo hizo saber a Clara. Aunque había hecho el viaje con otra intención, no dio el paso, y después de una semana de indecisiones regresó a París.
Ese movimiento le sirvió para dejar de buscar escusas que frustraban su deseo y reponerse ocupándose de aquellas cosas que solía.
Frustrar un impulso febril parece imposible, pero cuando se vence fortalece. Hay muchas pequeñas cosas que nos adhieren a la vida.
Cuando regresó a su casa lo primero que hizo fue quitar las fotografías del cuadro de corcho.
En los días pasados habló de lo que le inquietaba. Su amiga le consoló y escuchó. Las dos mujeres reconocieron que el amor era algo complicado, y que la amistad era algo que valía la pena conquistar. Que a veces el juego atrapa y que lo que parece ser de dominio acaba dominando. Ellas se conocían y respetaban. Habían sido amantes de la misma mujer y en ese triángulo amoroso, pasado el tiempo, se había gestado su amistad. Nunca se habían entregado de lleno a una relación porque eran celosas de su independencia y libertad, pero empezaban a sentir el vacío de esa opción vital, cuando veían que Clara era una persona con la que hubiera valido la pena comprometerse.

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