Domi y Michelle

A Michelle la ausencia se le hizo dura. De pronto, la casa vacía. Ella consigo misma.
Pensaba en los últimos acontecimientos y rememorando emociones contenidas.
Suerte que Domi llegó. Con ella pudo explicitar aquellos sentimientos. No dudó en confesarle su amor por Clara, aún sabiendo que competía con ella.
A Domi no le decía nada nuevo. Ella lo sabía.
Lo que importaba era lo que Clara quería, y estaba segura de que si ella dudaba se lo diría.
Reconocía que hubo un fuego pasado, pero que en ese momento estaba apagado. Aunque nada podría impedir que volviera a activarse, y que en ese caso le dejaría libertad para elegir, porque por encima de todo estaba su felicidad.
También señalaba que quizás lo que Michelle creía sentir era una idealización por no haber seguido sus impulsos cuando ella y Clara tuvieron su romance.
Le recordó que había sido ella la que cerrara esa puerta tiempo atrás, y le animó a hacer lo posible por recobrar a Nines. Ya que era una mujer maravillosa, y que se le había entregado sin reservas.
_Debes pensar en la realidad en que vivimos. El pasado queda atrás.
_Es posible que si hubierais vivido esa pasión hasta las últimas consecuencias hoy estarías con ella, pero no fue así.
_Recuerda que volví con ella y pasamos por ese abandono.
_Antes de estar contigo, ella me amaba. Cuando te alejaste y estuve a su lado me fui enamorando.
_Ahora es mi vida.
_No me duele que la quieras, ni que ella te quiera.
_Os quiero a las dos, aunque en distinta medida.
Éstas y otras palabras le decía. Michelle callaba y escuchaba. Hubiera dado lo que fuera por dar marcha atrás y poder deshacer el camino andado, pero no tendría esa oportunidad.
_No puedo dar marcha atrás. Me ha costado toda una vida saber que era amor, y no me lo voy a negar.
_Hablaré con ella. Y que decida.
_¡Lo haré!
Domi tembló ante la determinación de su amiga. Al oírla sintió flaquear. Creía que podría renunciar y en ese momento vio ante ella un abismo.
Perdería. Nada sería lo mismo.
¿Cómo soportar ese adiós? Hasta el momento había vivido en la creencia de que ellas no traspasarían el umbral, de que aquella pasión no volvería a pasarle factura.
No había jugado limpio. Había silenciado los impulsos que Clara manifestó, animándole a desestimarlos, menoscabando el peso de lo que Michelle hubiera podido ofrecer.

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