Irene 2

Entre sus actividades con las amigas, Irene participaba en actividades con otras mujeres.Esos encuentros cotidianos en espacios feministas fueron abriéndole los ojos.
Había vivido una mentira. Sabía que los primeros reparos respecto a su hija habían sido castradores. Suerte que tuvo donde verse. No como ella, que tenía interiorizada la horma de ser mujer. Si volviera a nacer, y tuviera el conocimiento de lo vivido. Pero no. Nadie había forzado. Era su actitud, queriendo estar acorde con lo que se le presentaba como normalidad.
Esa desgana desde el primer contacto con él, no le pareció anormal. Podía disimular. No se notaba lo que ella en su interior guardaba. Hubo una hija. Le fue imposible recuperar ese estado de cosas en que antes consentía. No era mala persona. Él tampoco podía plantearse otra posibilidad. Seguir bajo un mismo techo, para que la niña se criara con los dos, había sido un error, pero no se podía reparar. Una planta que no se riega se mustia. Así ella se fue secando y amargando. Hubiera podido disfrutar de otra manera, si él se hubiera ido. Tenerlo allí había sido un suplicio, porque intentaba lo que ella negaba, pues le ahogaba. Cuando se fue, empezó a sentir que el aire se limpiaba. Gozó de la hija y ganó en sonrisas. Su niña, sufrió la ausencia del que se fue, pero ganó después. Pudo entender que ellos no podían seguir así, que, sobretodo, ella estaba mejor. Que él, sin quererlo, ni saberlo, tenía una nueva oportunidad, que supo aprovechar, y que de ella salieron ganando.

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