José

José conoció a Irene porque iba con gente a la que él conocía. Amigos de amigos y amigas, que solían encontrarse en encuentros festivos y botellones en la playa que, aunque estaban prohibidos, solían hacer, evitando el alto coste de las bebidas en locales nocturnos. Se atrevió a acercarse a ella, a pesar de verla bastante inaccesible, porque le gustaba, desde que la viera por primera vez, en un concierto popular en las fiestas de Gracia, barrio que le encantaba, y al que fueron a vivir cuando se casaron. Sus plazas eran micro mundos de encuentro social.
Ella no ofreció resistencia, pero no por ello fue fácil. Tenía una pose de altivez que le seducía. La amó, quizá más que a nadie en el mundo, pero nunca le fue posible acceder a su alma.
Cuando le negó el acceso, tras el nacimiento de Clarita, entendió que debía darle tiempo, pero después vinieron los días de frustración, en los que parecía molestarle e irritarle sólo con su presencia.
Habló con ella, esperando mejorar las cosas, pero se encontró con lo inimaginable. Ella quería separarse. Le convenció de que hacerlo desorientaría a su pequeña, que empezaba a balbucear sus nombres. Creyó que el tiempo obraría a su favor. Él disfrutaba de su hija, y ella mantenía las apariencias. Cuando creía que podía intentarlo, ella le rechazaba con contundencia y reproches, pasando a un estado de mayor tensión. Ya mayorcita la niña, creyeron conveniente hablar con ella y separarse. Por entonces, ya no le quedaban esperanzas. Debía soltar y marchar. Fue ella la que marchó, dejándole con las sombras de unos sueños perdidos. La niña podría estar en la casa con él cuando quisiera. Ella se trasladó a la de sus padres. Clarita eligió vivir con su madre. A él le pareció bien.
Los primeros días en soledad fueron terribles. No acababa de encontrar qué había hecho mal. Se le había ido de las manos. Todos sus intentos de aproximación la habían alejado más.
Consolaba su duelo con su hermana, que estaba pendiente de que no se hundiera. Ella le presentó a una amiga, con la que se entendió de maravilla, desde el instante que la conoció. No era el mismo fuego de amor, pero con ella se sentía próximo.

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