Clara 3.4

Evocar el pasado trae lagunas. Si por el transitamos en compañía, es posible que al nombrarlo quedemos desconcertados al comprobar que no damos cuenta de lo mismo con las mismas razones, que cada cual se explica con versión distinta.
El punto de vista no es coincidente. La versión de los hechos se tergiversa a favor nuestro.
¿Qué percepción pueden tener cada parte?
¿Cómo olvidar lo que no se puede recordar?
¿Qué emociones se arrastran a lo largo de los años, cuando quienes fuimos nos perdimos, y somos otra identidad?
El recorrido transforma.
Volver al pasado, por mucho que se desee, no está a nuestro alcance.
Clara no podía rectificar. Tenía que digerir toda la confusión y ofuscación de aquella situación. Michelle no estaba a su alcance. Intentarlo era suicida. Ninguna de ellas era la que fue. Superar este bache podía costarle la pérdida de lo que tenía, y no ofrecerle la oportunidad que pudiera desear.
Mover pieza sería destruir para construir de nuevo, afectando a personas que quería.
Llegar a una separación sin daños colaterales era muy difícil. Quedarse en lo que había dejado de tener sentido, imposible.
Advertía que no podría recuperar el pasado y que tendría que enfocar su vida en esa soledad temida por la edad. La juventud quedaba atrás. Y esa vejez compartida, con la que había contado los últimos años se le iba de las manos.
Hablaron de convivir como amigas, pero tuvieron que afrontar la ruptura. Domi marchó. Necesitaba alejarse para pasar el proceso del desapego al que debía enfrentarse. Volvería cuando no le doliera. Cuando estar a su lado no supusiera contener deseos y reprimir gestos.
_Me enamoraste tan poco a poco, que fue para siempre.
_Temí perderte, y al ocultarte mi conversación con Michelle firme mi sentencia.
_No puedo estar a tu lado en este momento.
_Quisiera deshacer tantas cosas.
_Siento haberte fallado.
Decía Domi, mientras se despedía.
Clara callaba. Le desgarraba verla partir, y no sabía qué hacer. Hubiera querido detener su partida. Abrazarla y volver a empezar, pero una quietud interna se lo impedía.
La vio marchar sin reacción aparente. Cuando se cerró la puerta quiso salir tras ella, pero inmóvil no hizo nada.
Le hubiera rogado, pero sólo gritaba en su interior, rogando que no abandonara, que no le dejara.
_¿Qué será de mí?
Se lamentaba, viéndose sola.
Volvió, en sus recuerdos, al instante en que no podía aceptar que la amaba.
Sola. La casa fría y extraña.
¿Dónde cobijar su alma?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s