Jana 2

Desde el momento en que Nicole le había comunicado la presencia de Jana. Evelyn fue incapaz de seguir en lo que hacía, porque su mente trajinaba en los posibles motivos de su visita.
Sabía que su amiga y ella ya no estaban juntas, pero no las razones que les había llevado a separarse.
Hizo el fallido intento de llamar a su amiga. Suerte que ella no estaba en ese momento y colgó sin dejar ningún mensaje en el buzón de voz. Comunicárselo antes de verse con Jana hubiera alertado a su amiga, y hubiera afectado a la naturalidad de su encuentro.
Dado que no podía concentrarse, se limitó a hacer tareas rutinarias, que también asumía, porque no admitía a nadie en su territorio. Ni siquiera a Nicole. Menos a ella, porque por ordenar hubiera dado al traste con su investigación.
A la hora habitual, mediodía solar, sin tener en cuenta modificaciones horarias, subió. El ascensor le llevaba del sótano, donde estaba el estudio, al piso. Los accesos funcionaban con clave numérica. Del ascensor a la vivienda, el tramo de pasillo previo a la entrada principal del piso estaba bajo su control exclusivo. En él una mesita y dos butacas victorianas. Siempre con un jarrón de cristal en que diariamente se renovaban las flores.
El acceso de personas no pertenecientes a la comunidad se iba abriendo desde un dispositivo con cámara.
Había un montacargas, y una entrada que iba a parar directamente a un recibidor previo a la cocina. Esos eran los dominios de Nicole.
Edu, siempre que llegaba a la cena, traía las flores, que pasaban a un jarrón de la mesa en que se hacía esa comida, y las que sacaba de allí pasaban al del pasillo. Y como cuando se cambiaban no estaban para tirar, Nicole se las llevaba para regalárselas a la gente.
Cuando entró la vio ensimismada mirando el horizonte de la torre de metal, ícono de la ciudad. Se veía fresca y hermosa. Deseable.
Un cosquilleo de deseo le inquietó.
¿A qué venía? La deseaba. Estaba claro que no había sido en vano. Venía por ella.
En esos pensamientos se sintió pillada.
_¡Hola!
¡Qué dulce voz!  ¡Qué boca!
Se sintió perdida.
Se levantó para abrazarla, en ese saludo que acercándola le tentó su boca. Y la besó. Con pasión.
Se alejaron enredadas en el deseo que no espera.
Nicole se retiró.

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