Razones

Las vidas que nos tocan son de valor único. En su transitar exponen nuestra capacidad de acción y resistencia. El amor sobredimensiona la realidad. La ilumina. La pasión arrastra y enciende nuestros sentidos. Lo cotidiano es esa carga que recae sobre nuestras espaldas. Ilusionarse, tener retos, aspiraciones. Sentirse parte.
La cadena de las generaciones une eslabones.
La propia identidad se ubica en un entorno vital que le da sentido. Lengua, territorio, sostenibilidad.
La mirada que te reconoce y te atiende como igual.
Este momento tan crudo por el que nos ha tocado transitar, nos cruje las entrañas, imponiendo la inseguridad y el temor.
No quedan palabras. Ya todas han clamado a muros sordos.
Hay razones desasistidas.
Heridas abiertas en la tierra y la humanidad.
Exclusión a la que el ser humano se enfrenta.
Lágrimas, dolor y desamparo que no tienen dónde encontrar respuestas, porque no hay voluntad que quiera responder a esa necesidad.
No se cuenta. Su ganancia está garantizada, y no tienen empatía ni solidaridad, porque desprecian a las personas, porque las cosifican, haciendo uso a su favor y beneficio.
Nos intoxican con detritus de ese mundo oscuro y artificioso.
Tenemos la opción de girar y darles la espalda. No mirar su reflejo sobre el plasma, no escuchar su eco. Negarlos y seguir en nuestra ruta, evitándolos como alimañas que huelen nuestra sangre y nos la quieren quitar para alimentar sus arcas rebosantes de un poder que no les basta.

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