internas voces

Vienes a verme.
Acentúas el impacto del silencio que aumenta mi desgracia.
Escarpas con el viento arrastrado en la distancia que se pierde.
Nada retorna.
Se pierde.
Cuesta asirlo en la memoria de impactos neuronales desvanecidos.
Vinimos para sufrirlo en pérdidas de sentido, de signos confusos y perdidos.
Huimos de ese ruido en nuestras mentes, buscando entretenerla para que la herida se cierre; pero perdemos las señas y el instinto necesario para mirarnos y encontrarnos.
Hacemos humo de ese fuego apagada tras la desgana y la falta de sentido, ocultándonos a la espera del despeje en paisaje alineado en horizontes de otras posibilidades.
Vinimos para este trance.
Componemos notas de quejido en el aire.
Dormimos en la barca mecida por la muerte venidera.
Sufrimos la consecuencia del dolor que recuerda que vivos estamos de momento.
Debemos inventarnos nuevamente y afrontar la distancia que aleja nuestros cuerpos para llevarlos sufrientes a ese vacío impenitente zurcido en nuestras mentes.
La criba del tiempo nos deja descompuestos. Sus fauces se abre tragando el aire viciado y mezclado de humus descompuesto de los vivientes que se van yendo.
Tiran del carro apocalípticos presagios.
Tiemblo.
Sigo en tanteos sobre muros inmensos, sin norte ni puerto.

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