de Neira

“Una guerra campal que dejaba sus restos de botones y gravillas esparcidos sobre el linóleo pisoteado por miles de ansiosos náufragos en un mar que parecía engullirlos y expulsarlos en su abrupto oleaje de marejada tormentosa, atraídos por sirenas silentes desde escaparates esparcidos a lo largo de una muralla adoquinada de estantes de etiquetas oferentes de un veinte por ciento a pagar. Una ganga en la mente de esas criaturas de casas de bienestar, capaces de gastarse en una prenda lo que en familias humildes daría para subsistir con holgura más de un mes.”
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