Michelle – letras 6

Sus pechos eran al tacto, de mis besos y mis manos. Apuntaban con firmeza, y ofrecían su tersura puntiaguda, dándome pie a seguir, explorando más, recorriendo la línea media que de su ombligo descendía al cubículo en que introducía mi lengua inquieta, deseando la abertura cálida dilatada y receptiva. Quería amarla. Entonces y siempre.
No se quedaba conmigo. Se iba, dejando su huella allí donde minutos antes desgarraba mi llanto desbocado enloquecido.
No conciliaba el sueño. No era posible. Imaginaba su sombra en la noche, yendo a lugares para mí inaccesibles.
Negaba decirme más de lo nombrable. Quería secreto.
Volvería a mí. Sin premeditarlo ni acordarlo.
La espera me tenía ocupando mi imaginación en posibles juegos, para retenerla más tiempo; pero no me valían tretas, era ella quien ponía reglas, vendando mis ojos, mientras susurraba arias célebres en un crescendo audible a corta distancia. La que achicaba, ofreciendo su desnudez a mis sentidos.
No me cansé de ella.
Un día dejó su juego.
Nos miramos y hablamos. Dormimos juntas.
Abrazadas.

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