Tu honra

Las otras

La otra

Enjambras cadenas de negadas aspiraciones vitales, a lo largo de ese constructo inducido desde una ley que interiorizas.

Son sus objetos. Sus juguetes.

No quieres pasar a esa otra orilla.

Las vírgenes son modelo.

Serlo es sometimiento y salvaguarda.

Es posible que abanderaras el grito de “mi cuerpo es mío”, territorio no compartido sin asentimiento y deseo, pero a ellos ese reto les excita, quieren poner en él su dominio, y cuando lo conquistan, lo someten, lo dominan, se apropian de ti, de tu voluntad, de tu identidad. Y si opones resistencia, como jauría, su impulso de poder se crece. No hay contención. Se les educa para acaparar, poseer, adueñarse. Eres cosa. Aún cuando crees que como novia, amiga, esposa o madre, o tía, o abuela, o compañera.

Tiene toda una estructura a su favor. Tú eres la tentación. Él tu víctima. Él cae en tus redes de seducción o padece tu castración.

Varón domado. Dominado.

Mujer fatal.

Y divides, porque así vencerás.

Sales a las calles en grupo y acosas con alardes de caballerosidad. Con miradas lascivas. Acorralas. Engañas. Sometes. 

Buscas tu víctima para desahogar tu hombría. Y eres modelo y envidia.

Te pagas orgías que otros propicias.

Y tienes cómplices. Tu madre, tu amante, tu amiga. Que señalan a otras. Que las culpan y salvan tu honra.

Con suerte

Con suerte

Regresaba de la academia. Iba ilusionada. Serían las diez. Había decidido aprender inglés.

Para terminar ese curso, tuve que volver el resto de días acompañada por un amigo, que venía a buscarme. El trayecto de la academia a casa era de ir andando. No seguí ese plan de estudios.

Tardé tiempo en recuperar la confianza. Incluso de día. Siempre me sentía vulnerable. Cambiaba de acera, ala menor sospecha. Me metía en un lugar público. Incluso paraba un taxi, para ir a mi destino, sin necesidad.

Salieron de detrás de una cabina. Eran dos. No pensé. Grité. Algo punzante en mi espalda.

“Ésta no se deja.” Esas fueron sus palabras al soltarme.

Querían que entrara en una calle poco iluminada y estrecha.

Al fondo la acera iluminada por la entrada de un cine. Un hombre indiferente y una mujer joven. 

Ella vino a mí. Me dijo que parecía iba con un par de amigos. Que sólo se percató de que no era así por mi grito desgarrado. Casi perdí el sentido. Ella puso su brazo y me llevó a la barra de bar de ese cine. Me hizo tomar una copa de una bebida seca, transparente y fuerte. Ese trago me devolvió las energías. Llegué a mi casa temblando.

Pensaba que querían robarme. Que no llevando dinero me golpearían. Tardé tiempo en apreciar sus intenciones. Su aspecto era normal. Eran jóvenes. Como yo.

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Sort

Ha estat un camí d’ensurts, més o menys crus.

Quan miro els records, sento que van ser els moments de perill que em van donar el missatge de que la meva llibertat calia protegir-la amb molta cura, prevenint-me del que podria succeir, i encara i així, més situacions em van empaitar.

Un grup de nens més grandets, a l’espai de jocs juvenils del parc. 

Aquell dia, vaig arribar a assaig de ball de jotes, i m’ho vaig trobar tancat. Era a prop del parc. Com nena d’onze anys, vaig desitjar jugar una estona. Quan estava a punt de gaudir-hi, uns nois em van agafar per les cames, però jo vaig fugir, ficant-me entre matolls. Sort que vaig poder evitar el que podia haver patit, però mai més vaig gosar anar a aquell racó del parc, on sempre recordo el fet d’aquell moment. Sort que a sota de les faldilles portava aquells elàstics blaus que ens feien servir per la gimnàstica.

No puc refer records, però pot ser que degut a aquell ensurt, que no vaig compartir amb ningú, fos la raó de deixar de costat aquella activitat.

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