Reflejos

La línea recta no es el camino más corto.

Tomar atajos es distanciarse de objetivos previstos.

El recorrido espiral es el camino.

Un defecto, en sí es una virtud. Diferencia y templa nuestro carácter, al llevarnos por derroteros que queremos evitar. Plantarle cara nos fortalece.

Es necesario diferenciarlo, para calibrar su incidencia sobre nuestra manifestación y acción.

A lo largo del camino, tropezamos con nosotros mismos.

 

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Espejo

Recuerdos

Un trozo de espejo en la pared de la cocina. Espacio que quedó relegado y nombrado como el de la cocina vieja, contrapuesto al de la nueva. El él se cambiaba mi padre, desprendiéndose de su traje de luces, señales de su trabajo diario con nuestras vacas y otros animales. Las “güeñas de vaca”.

Allí nos pasábamos tiempo de domingo, con mis dos amigas adolescentes, maquillando nuestros párpados con sombras y luces, y poniendo rímel a unas pestañas que levantábamos con artilugio. Y peinábamos nuestras melenas nuevas. Éramos jóvenes y aprendíamos ese lenguaje falso de embellecerse. Uñas y labios sonrosados. Primeros zapatos alzados y faltas de pliegues o campana, por encima de las rodillas. Nuestras cinturas entre torso y cadera, de envidiables medidas. No eran tiempos de tallas, porque vestíamos ropa a medida. En mi caso, hecha por mi madre y por mí.

Reíamos. Éramos felices. Nos soñábamos mujeres.

Salíamos a la calle confiadas. No imaginábamos lobos al acecho. Vivir en un entorno de reconocimiento y proximidad nos daba seguridad. Éramos buenas chicas. Íbamos al baile, a esperar a algún chico que nos sacara a bailar, sin repetir pieza con ninguno, y en muchos casos con algún conocido. Nos encantaba bailar. 

Esas amigas me las presentaron. Una sobrina de mis tías. Eran sus vecinas.

Somos

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Nos 

atraviesa

atrapa

contrae

distrae

extrae

quebranta

resquebraja

Hiere nuestra sangre

Nos 

hace

construye

Nos place, cuando está a nuestro alcance

Nos rompe

para poner a prueba ese impulso vital que nos hace

Somos las que no nos conformamos con sendas prescritas y escritas de antemano

Las que nos soñamos reales y vitales

Las que nos alzamos

Tu honra

Las otras

La otra

Enjambras cadenas de negadas aspiraciones vitales, a lo largo de ese constructo inducido desde una ley que interiorizas.

Son sus objetos. Sus juguetes.

No quieres pasar a esa otra orilla.

Las vírgenes son modelo.

Serlo es sometimiento y salvaguarda.

Es posible que abanderaras el grito de “mi cuerpo es mío”, territorio no compartido sin asentimiento y deseo, pero a ellos ese reto les excita, quieren poner en él su dominio, y cuando lo conquistan, lo someten, lo dominan, se apropian de ti, de tu voluntad, de tu identidad. Y si opones resistencia, como jauría, su impulso de poder se crece. No hay contención. Se les educa para acaparar, poseer, adueñarse. Eres cosa. Aún cuando crees que como novia, amiga, esposa o madre, o tía, o abuela, o compañera.

Tiene toda una estructura a su favor. Tú eres la tentación. Él tu víctima. Él cae en tus redes de seducción o padece tu castración.

Varón domado. Dominado.

Mujer fatal.

Y divides, porque así vencerás.

Sales a las calles en grupo y acosas con alardes de caballerosidad. Con miradas lascivas. Acorralas. Engañas. Sometes. 

Buscas tu víctima para desahogar tu hombría. Y eres modelo y envidia.

Te pagas orgías que otros propicias.

Y tienes cómplices. Tu madre, tu amante, tu amiga. Que señalan a otras. Que las culpan y salvan tu honra.