Matria quisiera encontrar

Dices patria y me contraigo.

Pertenencia desde el nacimiento. Obligada por fronteras y razones de antaño. Hubo escuela y doctrina. Hay leyes y obligaciones fiscales. Decisiones de las que no tenemos parte.
Sobrevivir se hace complicado en enredos de quienes han tomado el mando. La distancia de sus vidas regaladas y sobradas. Su poder y mando. Sus decisiones equívocas o acertadas.
Nunca confío en sus promesas, porque las olvidan tras sacar rédito de ellas, acaparando poder y permaneciendo en él.
La Historia. De donde venimos y a donde nos dirigimos, poco afecta a nuestros pasos, a no ser que conlleve el quiebro y reduzca el espacio de libre albedrío.

Somos aves de paso. Delegamos en sus manos porque no nos queda otra. Porque es falso que seamos artífices y tengamos voz.

Evoluciona el pacto social, del que Rousseau nos dijo partimos.
Tuvimos manos para crear y construir un substrato que ahora deja de tener valor.
Prescindibles. En la orilla nos quieren, cuando no les somos de utilidad.
Saben cómo salirse con la suya. Tienen quienes les allanan el terreno.
Si te resistes. Si tu actitud da mal, de en medio te quitarán, o te comprarán con aquello que te pueda ganar.
Manejos sutiles, desde medios que controlan.
Ponen en marcha estructuras que se desmoronan, desmontando aquello que te daba cierta estabilidad.
A veces, se enfrentan entre ellos. Te ponen en medio. Lo hacen de tal manera, que caes bajo su influencia manipuladora, confiando en esa creencia interiorizada, desde una pertenencia articulada, desde ese poder estructural que te roba vida y libertad.

Quisieras. No puedes. No está a tu alcance. Debes centrarte en ese espacio personal que te da estabilidad, e intentar no pensar demasiado en la frustración y desilusión.
Nada tienes garantizado. Sabes que subsistir no es algo que tengas a tu alcance si no tienes. Porque son otros los que pueden dar trabajo, los que administran recursos necesarios, y que sólo te permiten apoyar a unos u otros en momentos puntuales.
Y se ponen esa etiqueta de democracia que sabes que no responde a su significado real, porque eres parte del pueblo, demos, y no detentas poder, cracia.

Deseas una vida sin sobresaltos. Hacer realidad deseos. Una tranquilidad y confianza, sin sobresaltos, sin carencias. Con una posibilidad, que algunos señalan, de felicidad.

Creencias se tejen en esa urdimbre social de pertenencia e identidad.
Arraigo y tierra. Suelo en el que medrar.

Matria quisiera encontrar.

 

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¡Así!

Se te cayeron las alas.
Aleteo enmudecido.

Sigues rastro en su silencio.
Buscas eco ensordecido.

Caes al suelo en tu traspiés.
Te levantas y empiezas a correr.

No huyendo.
Persiguiendo tu propio fin.

Así la vida escogiendo.
Así la vida perviviendo.

¡Así!

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Mi voto

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¿Por qué no votaría NO a su independencia?
Porque no siento rechazo.
Porque respeto sus deseos.
Porque amo su ser y estar.
Porque aunque viva mi vida a su lado, no estoy en sus zapatos.

Me siento próxima, porque vivo en sus calles y respiro el mismo aire. Porque despierto en sus amaneceres.

Siempre he sentido mi ser emigrante. Porque salí de mi Güesqueta, con sentimientos encontrados y con desgarro, buscando libertad y autonomía personal, y en Barcelona la he ido encontrando.

Malos tiempos nos caen como chuzos.

En un momento dado, elegí un voto, que creí útil. Errado.
Repararé cuando me sea dado.
Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.

He llegado a decir de mí que soy aragonesa catalanohablante. Bilingüe, en parte. Con remembranzas lingüísticas de mi lengua madre, el aragonés que leo con fluidez y no uso en el hablar.

Elegí la identidad republicana. En ella asiento mis deseos de pertenencia territorial.

Entiendo que hay desequilibrios insalvables, perpetrados desde un sistema que coloniza y se apropia, que ahoga a los vencidos, y legisla a su favor.

Me niego a tomar partido a favor de quienes detentan poder. Ya sé que manipulan a su favor y que utilizan la buena fe de personas como yo, que buscamos un mundo mejor, de paz y concordia.

Siempre siento esa sensación extraña y fría frente al que de cuerpo represivo representa una verdad consensuada sin mi parte y opinión. Y apuntaré que no es miedo, porque se ha acostumbrado mi pupila al horror y el terror, falseado tras pantalla que encuadra y separa.

Hazte eco

En la soledad nocturna
buscas voces internas
que te puedan inspirar.

Difícil escribir
en tiempos de imagen
y ritmos sonoros.

Difícil llegar a oídos sordos.
Persistes en tu afán,
e intentas acotar.

Estás dispuesto.
Quieres dejar ir
la trama argumental.

De relato ligado,
en tiempo y lugar
por perpetrar.

Sueñas esa mirada
de lectura complacida
y alma adherida.

Quieres, tras hacer y rehacer,
tener sensación
que cumpla tu pasión.

No deshagas tus letras,
aunque sientas frustración.
Hazte eco de tu voz.

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Arropemos esperanzas

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De nada nos sirve.
El pasado no está.

Difumina en la memoria humo de indefinidas formas.

Tu relato y el mío se bifurcan,
diseñando argumentos divergentes,
que se ajustan a intereses.

Hubo sangre.
Hubo golpes.
Tú lo niegas.

Y así crees en la farsa dibujada desde opuesta intención.

Hoy es jueves.
A las puertas de un no sabes.

Añoranzas nos engañan.
Arropemos esperanzas.

Relato. Inspiración visual 111

-No te quedes allí, que el sol aprieta.
-Estoy cansado. ¡Qué te crees, que soy como tú! Ya llegarás a mis años. Ya llegarás.
-Es por tu bien. Estar bajo sol no te puede hacer ningún bien.
-Vaya tontería. Con la de veces que me quedaba descubierto, mientras trabajaba en el campo. Anda, dame agua, que eso sí que me irá bien. En aquellos tiempos era vino de la bota, pero ahora sois todos unos tiquismiquis.
-Pues ahí te quedas, abuelo. Yo me voy dentro. No te sepa mal, pero no me apetece pasar calor en medio de la nada. Si cambias de idea, nos vamos. En el coche con el aire fresco te espero.

Mira que es terco. Mejor le dejo. No tardará. No creo que esté mucho rato sentado en esa piedra, en medio de las polvorientas ruinas.
De todas formas, él es como los lagartos. Le gusta estar expuesto al sol. Sólo hay que verle con su chaqueta sobre la camisa y los calcetines. Siempre fue friolero.
Le llevo un botellín de agua y me vuelvo al coche. Me entretendré con algo. Suerte que por aquí hay cobertura. No todo se ha perdido.

Esta cría siempre pendiente de mi. No se lo reprocho. Al contrario. Me emociona su cariño. Si supiera que es igual que mi Manuela. Idéntica. En aspecto y carácter. Ya sabe que tienen parecido. Alardea de ello delante de todo el mundo. Pero no que, si no la miro, hace que sienta la presencia de su abuela. Por eso me gusta salir con ella a menudo. Hoy hemos salido sin rumbo. He sido yo quien ha decidido volver por aquí. Después de tantos años he querido enfrentar mis fantasmas. Aquí levantamos nuestro hogar. En una casa de adobe, de la que no hay rastro. Estaba ubicada aquí, donde me encuentro sentado. Cierro los ojos y escucho su voz. Su canto. Ella, siempre alegre, alegraba las penurias del hambre de postguerra.

No quiero nombrar estos recuerdos. Pienso que si lo hiciera se esfumarían como las casas que formaban nuestro barrio.

Lucía cree que estoy aquí por manía, pero no sabe que estoy encarando mis miedos. Todo es pasajero. Nada permanece. Yo también me voy yendo. Es posible que no pueda volver, pero, hasta que mi memoria me alcance, podré ver nuestra vida vivida pisando este suelo.

-Niña. Tengo hambre. Te invito a comer. ¿A dónde quieres que vayamos?
-A cualquier sitio. Voy a mirar los que nos quedan cerca. No estaría mal comer una paella.
-No estaría nada mal. Podemos retroceder. He visto un desvío hacia la playa.
-Vamos.

Mi abuelo tiene algo. Le veo un brillo pícaro en la mirada. Habrá recargado las pilas al sol. Lo que decimos. Como los lagartos.

-Jaja
-¿Qué te hace gracia?
-No. Nada. Estás guapo.

Le dio un beso en la mejilla y emprendió rumbo. Siguieron en silencio, cada uno con sus bucles mentales, hasta llegar a destino.

-Ahora que pienso. ¿Mamá me había traído por aquí? Creo recordar que decía que habíais vivido cerca, cuando ella era pequeña.

Quedaron sus palabras en el aire.

-¡Abuelo!

Él estaba ausente.

 

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