Identidad

Hay un momento en que el espejo nos devuelve una imagen desconocida. Eso se debe a que nos solemos poner ante él en rutinas, sin ver.
Actualizar la percepción visual de nosotras mismas es un acto de sinceridad difícil de afrontar. Más aún, cuando vivimos rodeadas de falsas proyecciones de las demás.
Ese día reconoces que estás lejos de saber lo que ven de ti.
Ves semejanzas y similitudes inclusivas que denotan la participación en un colectivo del que no se diferencia aquello que mentalmente constituye la imagen que tienes de ti.
El entorno absorbe tu presencia incluyéndote en su propio paisaje.
Cuando sientes su presión y te ahogas huyes hacia ninguna parte.
La identidad siempre es contextual.

>Entretanto estamos

>

Cuando te miro,
siento que el aire respira por mí.

Eres mi vida.

Ya se sabe que hablar de lo bueno y agradable no tiene lance.
Es lo que mejor se ajusta a nosotras.

Estamos juntas.

Me gusta como eres y me dejas ser.
Me gustas.

No nos fue fácil.

Ahora estamos y tenemos posibilidades.
Nada permanece.

No pienso en ello, aunque lo apunte.

Tengo temores ineludibles.
El mundo que nos tocó vivir parece que revive.

Otro callo me molesta.

El del avance de lo imprevisto que se anuncia.
El túnel que al final manifiesta su funcionalidad.

La muerte.

La soledad.

La vida que se nos va yendo.

Es lo que vemos a nuestro lado.

Nos salvamos.

¿Hasta cuando?

Entretanto estamos.

Nos miramos.
Nos besamos.
Nos abrazamos.

Confundimos nuestros cuerpos y nuestras almas solazamos.

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>La noche se acerca

>

He arcado la cuesta y subido al punto incierto.
He asido las alas del viento líquido del silencio.
He tenido huecos en la memoria y substancias caóticas en los vasos que conducen la esencia a cada uno de los intersticios de mi cuerpo.

Con silencio he pagado a la sombra de la parca para que pasara de largo despejando la mirada de quienes amo.

Huyo dirigiendo mis pasos a mi destino.
No hay salida ni escapatoria posible.
Volar ha sido una fantasía que ha propiciado dar pasos, uno tras otro, creyendo en mañanas y amaneceres nuevos.

La noche se acerca con su manto oscuro y mensajes inciertos.

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>Hueco

>

Hueco entre libros.
Lleno su vacío con uno de los que quizás no vuelva a visitar.
Por mi parte, personajes que no tendrán la actualidad de mis pensamientos.
Es el tiempo que me enseña la finitud y no sólo eso.
Pensé que tendría tiempo para revisar ese rincón escondido de mi memoria.
Falacia.
No me encuentro en ella.
Los tropiezos hicieron añicos muchos espejos.
No soy la misma.
Soy otra.
Cuantos bucles del tiempo ocultos.
Llené mi vida con libros.
Ahora escribo.
Recreo personajes que hablan con la misma voz
La mía.
Cuarteo en frases cortas lo que consigo formular.
Me he rodeado de letras objeto.
Murallas que me arropan.
Amigos muertos.
A ellos vengo.
Mi mente separa mi existencia.
En ella mi cuerpo en cambios que no puedo evitar, sólo disimular.
El envejecimiento.
Mis personajes me miran desde ese futuro incierto que quisiera dibujar.
Los llevo a él porque yo no tendré puesto.
Estaré en la mixtura de las almas que perdieron su intento.
Renaceré en los ojos de quienes encuentren ante sí mis letras, si esta máquina atroz no se deshace de ellas.
Ya somos demasiados y ocupamos sitio.
Estos nichos tienen caducidad de propiedad.
Nada es presente.
Su estadía es fugaz.
Mañana me alcanza.
Reflejo y final.
Nadie escucha voces que no se pueden diferenciar.
Ir a la caza del oyente es trabajo que desvía la razón de tu caminar.

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>Hubo un tiempo

>

Hubo un tiempo en que nos tuvimos.
¿Fue corto?
Hubo una estancia en que estuvimos.
¿Fue un sueño?

Nos dijimos, y pensamos sobre nosotras mismas, que éramos amantes.

En ese tiempo las palabras buscaban confirmarse.

Releo lo que escribí aquella tarde.

Si pudieras escucharme, te sorprenderían mis dudas.
¿Tuvimos ese encuentro?
¿Son fantasías?

No diferencio lo propio y vivido de lo argüido.

¡Éramos tan jóvenes!
Esto sonará a tópico.
No reparamos en disimulos.
Nos la jugamos yendo de la mano y jugando a darnos besos robados, ante los ojos alarmados de transeúntes que nos evitaban.
Descubrimos el mundo una a través de la otra.
Todo era sonata y color.
Era amor.
El nuestro.
El que nunca se repitió.

Te busqué en otros labios.

Nunca encontré el mismo sabor ni tacto.

¿Lo nuestro fue amor?
¿Fue pasión?
¿Dónde hacer la diferenciación?

Cada amante vivido nos presenta ante nos.

¿Fue amor?
Yo diría que no.

¿Fue pasión?
Tampoco.

¿Qué fue?

Si supiera la respuesta, no quedarían versos para mi intento.

Te recuerdo, bajo el manto de un relato apropiado.

Ese impulso que se hizo obsesión en quererte y adorarte caducó.

Ese impulso renació en otros cuerpos, materiales o no.

He muerto tantas veces que a penas reconozco el retrato que me hago.

Es pasado.
De él me he descabalgado.

Allí hemos estado.

¿Dónde estás?
Ni lo sé, ni me preocupa.

Tú por tu lado.
Yo navegando.

La deriva es una figura que a veces se dibuja.

Sensatez mata el vuelo.
Alas rotas que se quedan en un sueño.

Debí haber muerto definitivamente.

No lo he hecho.
Es mucha la curiosidad que me hace continuar.

¿Por qué traigo a mí tu recuerdo en abstracto?

He idealizado.

Eres joven y tersa en mi memoria.
Yo he perdido esos atributos a cambio de vivir.

Imagino que tú también, pero, como te alejaste o te alejé de mí, esa es la imagen que quedó de ti.
Indefinida.
Recuperada en fotografías que oculto en el fondo de un cajón.
Tu mirada orientada a la mía.
La que el espejo ya no escribe cuando me mira.
La que en tu reflejo perdí.

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>Hemos partido

>

Ese instante que nos ata y sujeta a la temporalidad es ocre y frío.

Hemos partido.
Quedan escaras de lo que hemos sido.

Burlona la vida nos ofrece una tregua.
En ella renacemos.

Tumbas abiertas a la espera de los sueños de estar vivos.

Morfeo acuna con sus diosas y sirenas los mares que surca el barquero.

Al final de este viaje, vendrá a pedirnos la moneda que lo pague.

Estaremos al otro lado el día menos pensado y, aunque tengamos ocasión de revisar las horas muertas y desatinos de nuestro paso, nos abrazará con el rayo destructor ofreciéndonos los abismos de la desazón.

Cadalso al que fuimos destinados en ese primer llanto de respiración aeróbica.

Ese día debimos cerrar nuestros orificios de ventilación para evitarnos el dolor de la consciencia.

Sabernos reos del verdugo.
Tener la clarividencia de que no podemos escapar del duro golpe del destino.

Saltaremos en la hoguera del olvido y asiremos los restos del deseo carnal en una bacanal de muertos que quieren dejar rastro de su paso por una existencia que creen real.

Aquelarres para concitar los males y segar con la guadaña el tiempo que pasa.

Cebaremos y untaremos nuestros cuerpos, revolcándonos unos con otros, para desprendernos del saber que hiere nuestra piel.

Abriremos las cortinas que salen de la noche al día, con la esperanza de sabernos almas vivas en cuerpos que, aunque mañana serán pasto de depredadores minúsculos, hoy son sepulcro de amor y esperanza.

El rito nos devuelve la mirada a la muerte, pero aún así la vemos otra, no nuestra.
Son otros los que están allí.
Cada vez son más los muertos que hilaban nuestras historias con la suya.
Se van yendo y tienden su mano para acogernos.
Un buen día, dejará de tener sentido anudar y enhebrar para seguir dando puntadas en el tejido global.
Esa marcha podrá tener miles de interpretaciones, pero la nuestra, la tuya o la mía, la mía o la tuya, será el acto final.
Se correrán las cortinas sin que podamos ver como se vacía ese patio de butacas que tuvo sus versiones sobre lo que de ti se daba.

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