Jana y Evelyn 2

Clari no vino sola. Le acompañaba su nueva amiga, Raquel.
Después de darle vueltas a cómo me sentiría desnudando mi intimidad con las dos, la situación era otra. No me atrevería a algo as con una desconocida.
Lo que para mí era impedimento para Jana era divertimento. Me dijo que lo podíamos hablar estando las cuatro juntas en un momento propicio. Que ella ya había vivido experiencias similares, y que no hacía falta conocerse previamente, sólo favorecer el ambiente del momento con conversaciones que lleven a proponerlo.
Me comentó que ya había hablado con Clari, y que ella estaba abierta a la experiencia. Que la amistad podía ser mayor si se rompían las barreras del contacto físico. Y que prepararía a Raquel, que seguro aceptaría.
Los primeros días no hubo ningún contacto físico. Nos juntábamos a comer o cenar en un restaurante y hablábamos de nuestras cosas. Yo les di a conocer muchas de mis investigaciones sobre Michelle. Esa fue la veta que nos acercó a nuestro objetivo. Quisieron ver las sesiones fotográficas que ella recopiló en los tiempos en que sus modelos se entregaban a orgías carnales.
El taller estaba situado en la parte baja del edificio, ocupando toda la planta, con un patio cubierto por un techo traslúcido, correspondiente al patio interior de la casa, por el que se filtraba la luz del día.
Extendimos esterillas en el suelo y sobre ellas unos cojines. Nos desnudamos las cuatro. Pusimos unas velas encendidas y quemamos incienso. Bebimos un licor de hierbas que Clari y Raquel habían traído, y con música de fondo, nos sumergimos en el tacto de nuestra piel.
Sacamos aquellos juguetes que Jana y yo nunca habíamos utilizado, y nos embriagamos jugando con ellos, escalando en la lujuria coral. Fue un éxtasis y un frenesí que me arrebataron. Disfruté sin control y con pasión, dejándome llevar y pasando de una a otra. Volví a verme en los ojos de Clari, y lloré por lo mucho que la amaba.

Jana y Evelyn 1

Lo intentaron. No se acomodaban a estar en la casa de Michelle. Su pasión requería de intimidad. Allí era imposible. Aprovecharon el piso de las amigas de Domi durante un par de semanas. Se entregaron a la exploración de los sentidos. Les parecía que fue ayer, cuando supieron que no podrían seguir solas, porque regresaban.
Volvieron a la casa, pero se instalaron en el taller, dejando claro que no estaban para nadie.
Salían por la noche a pasear cogidas de la mano. Todo les movía a reír. Eran felices.
Jugaban con el placer, buscando nuevas sensaciones. En ellas brotaba con sólo imaginar y compartir sus fantasías.
En un arcón encontraron juguetes que pudo utilizar Michelle con sus amantes. Aunque no los usaron, verlos e imaginarlos les excitaba, y eso les bastaba, porque sus cuerpos se acoplaban. También fotografías que proyectaban incitándoles a tocarse y saborearse, siguiendo su instinto desatado.
Leían sus versos y comentaban. No había nada que se interpusiera en su relación. Podían quererse y estar juntas siempre que así lo quisieran.
Nicole no importunó en ningún momento.
En alguna ocasión subieron al piso, a ducharse y a disfrutar de la cama, en momentos que se sabía no había nadie. Aprovechando para comer alguna cosa.
No estaban preparadas para el cotidiano transitar. No todavía. Estaban conociéndose y explorando una en otra.
Fue Clari la que interrumpió ese idilio. Llamó a Jana, diciéndole que llegaba.
Para recibirla se instalaron en la casa, y compartieron su tiempo con los demás.
Jana vio en ello la oportunidad de estar con las dos. Se lo hizo saber a Evelyn. Ésta tenía sus dudas, pero aceptó. Quedaba saber cómo lo encajaría Clari.

Jana 4

Evelyn no salió de su habitación el resto del día.
_Disculpame. No estoy para nadie.
Respondió a Nicole, cuando ésta, llamando con los nudillos a su puerta, le avisaba de la llegada de Adam y Edu.
Tenía ganas de ella. Su cuerpo estaba activado. Hacía tanto que no le prestaba atención, que ahora no tenía contención.
Se preguntó si resistiría la espera.
Le llamó Clari.
_Es verdad. Te llamé poco antes del mediodía. Era para decirte que ha venido a visitarnos Jana.
Tembló su voz. Sintió sonrojo. Y se creyó pillada en falta.
_No sé dónde para. Puede que me llame.
_¿Tienes su número?
_Espera, que lo incorporo a mis contactos.
Le temblaba la mano, y le costaba atinar con el teclado simulado en pantalla.
_La llamaré esta noche.
Clari disimulaba, no queriendo ponerla en evidencia. Conociéndola, sabía lo que estaba pasando. Se alegró por ella.
Pensó que no era bueno el encierro voluntario en que Evelyn se había metido, abducida por la enorme personalidad de Michelle.
Lamentaba no haber sido capaz de librarla de si misma. Para ella era la persona más importante del mundo, y quería que fuera feliz.
Cuando colgó, de inmediato recibió llamada de Jana. Quería saber cómo estaba y desearle las buenas noches.
Escucharla le excitó. Su voz acariciaba su piel.
Esa noche le costó dormir. No paraba de dar vueltas. Se levantó y fue a la terraza. Allí vió amanecer.
Al día siguiente no bajó al taller. Se quedó durmiendo hasta el mediodía, momento en que Nicole le avisó, para ver si quería comer. Se levantó a tomar algo y se retiró de nuevo. Tenía la sensación de llevar escrito en su cara lo mucho que deseaba volver a estar con ella.
Le inquietaba la incertidumbre. No habían quedado, y su espera no tenía referencia.
A las seis de la tarde le llamó, citándola en un local.

Jana 3

_Me arrebatas. Me enloqueces.
Evelyn gemía en sus brazos.
_Nunca antes sentí un estallido interior.
Estaban las dos abrazadas y vestidas. Los besos y el deseo habían desatado esos fuegos.
Jana la bloqueaba impidiendo que pudiera moverse. Y eso le llevó a esas sensaciones, porque se debatía buscando tener el contacto de su piel. Pero la otra se fundía con ella, comiéndola a besos.
Sudorosas, se desprendieron de sus ropas bajo la ducha, realizando una en otra y recreándose en el tacto de su piel, lubricándola con aceites.
Era su primera vez. Hambrientas comieron y bebieron, dándoselo una a lo otra.
Jana vendó sus ojos y jugo con las frutas, comiéndolas sobre sus huecos corporales, y poniéndoselas en su boca.
El deseo no parecía acabar. Se retiraron al dormitorio de Evelyn y allí rodaron sobre el suelo enmoquetado, después de caer de la cama, en ese ritual que las hacía volar. Se durmieron enroscadas una en otra. Un par de horas. Sonaba la música del hilo musical, amansando su brío.
Jana se vistió y le dejó una nota.
“Mañana te veo.”
“Te llamaré.”
Medio en sueños, la vio marchar, después de estamparle un beso.
La jovial mujer, cogió una manzana y le dio un bocado. Llevándosela en la mano y despidiéndose de Nicole.
Cogió una tarjeta de visita de una bandeja de cerámica que las contenía, al lado del florero de la entrada.
Ya oscurecía. La tarde caía proyectando las sombras de las luces artificiosas sobre el paisaje urbano.
Iba gozosa.
Había llegado a ella. Deseada desde el momento en que Clara las presentó.
Llamó a ésta y le dijo que habían estado juntas.
En ese momento imaginó la posibilidad de estar con las dos. Una y otra, en su estilo, estimulaban sus sentidos.

Jana 2

Desde el momento en que Nicole le había comunicado la presencia de Jana. Evelyn fue incapaz de seguir en lo que hacía, porque su mente trajinaba en los posibles motivos de su visita.
Sabía que su amiga y ella ya no estaban juntas, pero no las razones que les había llevado a separarse.
Hizo el fallido intento de llamar a su amiga. Suerte que ella no estaba en ese momento y colgó sin dejar ningún mensaje en el buzón de voz. Comunicárselo antes de verse con Jana hubiera alertado a su amiga, y hubiera afectado a la naturalidad de su encuentro.
Dado que no podía concentrarse, se limitó a hacer tareas rutinarias, que también asumía, porque no admitía a nadie en su territorio. Ni siquiera a Nicole. Menos a ella, porque por ordenar hubiera dado al traste con su investigación.
A la hora habitual, mediodía solar, sin tener en cuenta modificaciones horarias, subió. El ascensor le llevaba del sótano, donde estaba el estudio, al piso. Los accesos funcionaban con clave numérica. Del ascensor a la vivienda, el tramo de pasillo previo a la entrada principal del piso estaba bajo su control exclusivo. En él una mesita y dos butacas victorianas. Siempre con un jarrón de cristal en que diariamente se renovaban las flores.
El acceso de personas no pertenecientes a la comunidad se iba abriendo desde un dispositivo con cámara.
Había un montacargas, y una entrada que iba a parar directamente a un recibidor previo a la cocina. Esos eran los dominios de Nicole.
Edu, siempre que llegaba a la cena, traía las flores, que pasaban a un jarrón de la mesa en que se hacía esa comida, y las que sacaba de allí pasaban al del pasillo. Y como cuando se cambiaban no estaban para tirar, Nicole se las llevaba para regalárselas a la gente.
Cuando entró la vio ensimismada mirando el horizonte de la torre de metal, ícono de la ciudad. Se veía fresca y hermosa. Deseable.
Un cosquilleo de deseo le inquietó.
¿A qué venía? La deseaba. Estaba claro que no había sido en vano. Venía por ella.
En esos pensamientos se sintió pillada.
_¡Hola!
¡Qué dulce voz!  ¡Qué boca!
Se sintió perdida.
Se levantó para abrazarla, en ese saludo que acercándola le tentó su boca. Y la besó. Con pasión.
Se alejaron enredadas en el deseo que no espera.
Nicole se retiró.

Jana

En la medio penumbra, con cortinas corridas y persianas bajadas, sentada en taburete bajo, Evelyn anotaba en una libreta. Sonó el telefonillo y ella pareció no reaccionar. Al tercer tintineo lo cogió. Estaba a mano. Era el artilugio que comunicaba con la vivienda. Raramente se usaba en ese sentido. Nicole no debía molestarla, como cuando trabajaba Michelle en otro tiempo, del cual regían las normas.
_¿Qué quieres?
_¡Vale!
_Dile que espere. Subiré a comer. Invítala.
_Ahora no puedo dejar lo que llevo entre manos.
_¡No!
_Que espere.
_No quiero que venga aquí. Éste es el santuario de Michelle y ella sólo es una conocida para mí. Amiga de Clari, pero nada mío.
Pausa.
_Espero que no traiga malas noticias. No creo, porque nosotras estamos en contacto.
_Gracias, cielo. Eres un encanto. Sí. Ofrécele una bebida. Lo que quiera. Y deja que se pasee por los rincones de nuestra casa. Es de fiar. No temas.
_Beso
Al otro lado, Nicole se inquietaba. Jana se había presentado sin previo aviso. Su intuición le hizo temer. Esa joven podría poner la vida de Evelyn patas arriba. Lo que convenía a su niña era recuperar a Clari, y dejarse de nuevas amistades.
Cuando habían estado las tres, ésta parecía insinuarse.
Preparó la mesa para la comida. Los alimentos eran vegetales. Al mediodía comían temprano. No era la comida más copiosa del día. Solían estar ellas dos solas. Rose, aunque le ayudaba en mantener la casa limpia, había cogido otros trabajos. Al atardecer estarían todos. Incluso Edu, que vivía solo.
Jana le ponía nerviosa, revoloteando a su alrededor, y ofreciéndose para ayudarle, cosa que no aceptó. Al fin se quedó en un balancín de la terraza, contemplando las vistas de París desde las alturas. Estaban en un ático que ocupaba toda la planta de un edificio de quince pisos.

Evelyn 5.3

Irene se había ido con Clari. Disculpándose, pero no queriendo dejarla sola.
Domi había venido por su cuenta, y estaba con las otras mujeres, las amigas de siempre. Hubo cantos corales con sus voces entrecortadas por el llanto. Fue un rito ancestral que drenaba la tierra a nuestros pies.
Aunque soy su heredera universal, no he querido descuidar lo que se puede lograr con lo que ella ha legado. A mamá le ha quedado una paga, debido a que tuvo su trabajo y cotizó por él.
Hemos tramitado las cesiones a distintos museos del mundo, y puesto en marcha la fundación que llevará su nombre. Edu traspasa su cometido. Adam se hará cargo de todo.
Yo me estoy centrando en recopilar sus escritos, que son muchos.
Esta tarea me entretiene mucho. Hay tanto material que me veo superada, pero no quiero dejarlo en manos extrañas. Si Nines no hubiera marchado sería de mucha utilidad, aunque mantengo contacto con ella y me orienta.
Empiezo a sentir el desaliento.
Más, la soledad. Mi cuerpo añora las caricias de mi amada. Empiezo a sentir su pérdida, y a identificar mi frustración con la que manifiesta Michelle en sus escritos.
Clari no vendrá a mí, y yo siento el amarre que me sujeta a este puerto. Jana ya no está con ella. Fue ave de paso. Eso me da esperanzas.
Vendrá un día de estos, y yo me entregaré a su abrazo. Lo haré sin quejas. Espero que venga.