Evelyn 8

No volvimos a hacerlo. Cerré el taller y me fui. No podía seguir cegando mi vida en la de Michelle. No podía volver a la relación pasional con Jana. No podía ir de nuevo a la vida de Clari, porque aunque sabía que la amaba, también sabía que el camino que iba de ella a mí se había esfumado para siempre, y que debía dejar que ella hiciera su vida.
Jana lo advirtió de inmediato.
_Nunca me mirarás como la miras a ella._ me dijo, cuando se despedía al día siguiente.
Me marché en busca de mi destino. Aunque Michelle obró por mi vida, era el momento de ser yo su artífice.
Buscar mi destino dejando atrás todas mis seguridades me pareció ineludible.
Podía buscarme la vida en un pueblo español. No era nada fácil encontrar trabajo, pero fui trampeando.
Para no preocupar a los míos, fui dando señales de vida.

Jana y Evelyn 2

Clari no vino sola. Le acompañaba su nueva amiga, Raquel.
Después de darle vueltas a cómo me sentiría desnudando mi intimidad con las dos, la situación era otra. No me atrevería a algo as con una desconocida.
Lo que para mí era impedimento para Jana era divertimento. Me dijo que lo podíamos hablar estando las cuatro juntas en un momento propicio. Que ella ya había vivido experiencias similares, y que no hacía falta conocerse previamente, sólo favorecer el ambiente del momento con conversaciones que lleven a proponerlo.
Me comentó que ya había hablado con Clari, y que ella estaba abierta a la experiencia. Que la amistad podía ser mayor si se rompían las barreras del contacto físico. Y que prepararía a Raquel, que seguro aceptaría.
Los primeros días no hubo ningún contacto físico. Nos juntábamos a comer o cenar en un restaurante y hablábamos de nuestras cosas. Yo les di a conocer muchas de mis investigaciones sobre Michelle. Esa fue la veta que nos acercó a nuestro objetivo. Quisieron ver las sesiones fotográficas que ella recopiló en los tiempos en que sus modelos se entregaban a orgías carnales.
El taller estaba situado en la parte baja del edificio, ocupando toda la planta, con un patio cubierto por un techo traslúcido, correspondiente al patio interior de la casa, por el que se filtraba la luz del día.
Extendimos esterillas en el suelo y sobre ellas unos cojines. Nos desnudamos las cuatro. Pusimos unas velas encendidas y quemamos incienso. Bebimos un licor de hierbas que Clari y Raquel habían traído, y con música de fondo, nos sumergimos en el tacto de nuestra piel.
Sacamos aquellos juguetes que Jana y yo nunca habíamos utilizado, y nos embriagamos jugando con ellos, escalando en la lujuria coral. Fue un éxtasis y un frenesí que me arrebataron. Disfruté sin control y con pasión, dejándome llevar y pasando de una a otra. Volví a verme en los ojos de Clari, y lloré por lo mucho que la amaba.

Jana y Evelyn 1

Lo intentaron. No se acomodaban a estar en la casa de Michelle. Su pasión requería de intimidad. Allí era imposible. Aprovecharon el piso de las amigas de Domi durante un par de semanas. Se entregaron a la exploración de los sentidos. Les parecía que fue ayer, cuando supieron que no podrían seguir solas, porque regresaban.
Volvieron a la casa, pero se instalaron en el taller, dejando claro que no estaban para nadie.
Salían por la noche a pasear cogidas de la mano. Todo les movía a reír. Eran felices.
Jugaban con el placer, buscando nuevas sensaciones. En ellas brotaba con sólo imaginar y compartir sus fantasías.
En un arcón encontraron juguetes que pudo utilizar Michelle con sus amantes. Aunque no los usaron, verlos e imaginarlos les excitaba, y eso les bastaba, porque sus cuerpos se acoplaban. También fotografías que proyectaban incitándoles a tocarse y saborearse, siguiendo su instinto desatado.
Leían sus versos y comentaban. No había nada que se interpusiera en su relación. Podían quererse y estar juntas siempre que así lo quisieran.
Nicole no importunó en ningún momento.
En alguna ocasión subieron al piso, a ducharse y a disfrutar de la cama, en momentos que se sabía no había nadie. Aprovechando para comer alguna cosa.
No estaban preparadas para el cotidiano transitar. No todavía. Estaban conociéndose y explorando una en otra.
Fue Clari la que interrumpió ese idilio. Llamó a Jana, diciéndole que llegaba.
Para recibirla se instalaron en la casa, y compartieron su tiempo con los demás.
Jana vio en ello la oportunidad de estar con las dos. Se lo hizo saber a Evelyn. Ésta tenía sus dudas, pero aceptó. Quedaba saber cómo lo encajaría Clari.

Jana 7

Nicole atendió el interfono.
_Ahora le aviso.
Llamó al taller.
_Es tu amiga, que te está esperando en el portal.
A Evelyn le dio un vuelco el corazón, cuando le escuchó.
Nerviosa, no sabía si subir a arreglarse, o ir de inmediato a su lado.
Hacía una semana, desde que ella entrara en su vida trastocándolo todo. Esperaba su aproximación. Quería estar con ella. Salió en su busca.
_¡Ven!_ le indicó.
Jana entró tras ella. La abrazó y besó.
_Bajamos. Te enseñaré el taller de Michelle.
Juntas, entraron y allí, en la intimidad se amaron.
_¿Por qué tardaste en venir a mí?
Gemía y clavaba sus uñas en su espalda.
_Quería que me desearas.
Le decía abriendo sus entrañas con ardor, desprendiéndole de su ropa, y acariciando las curvas y ángulos de su cuerpo.
_¡Te deseo! ¡Soy tuya! ¡Te pertenezco!_ decía Evelyn con lágrimas de placer.
_¿Qué haces de mí? Sin ti no sabré vivir. Me has herido y poseído.
_No temas. Todo este amor es tuyo. También te deseo.
Era un encuentro más ferviente que los anteriores.
_Lo he pensado mejor y he decidido quedarme a vivir contigo, hasta que esto se acabe.
No sabía si reír o llorar. Los días en que temía no volver a verla se martirizaba, pensando en que había cometido algún error que le había alejado.
No se separarían. Se entregarían a ese conocimiento que diviniza la vida.

Jana 6

_Yo no tengo lujos que ofrecerte.
_Yo tampoco. La casa en la que vivo era de Michelle. Pasará a ser de Adam.
_Nunca tuve nada mío. Aunque lo parezca.
_Nines lo dejó todo cuando la perdió.
_Yo me he quedado investigando los papeles de Michelle. Ese es mi trabajo en estos momentos.
_No me quejo. Siempre he tenido la vida resuelta.
Esa era su conversación mientras tomaban un almuerzo en un restaurante.
_Puedes venirte a la casa de Michelle, si quieres. Hay sitio de sobra.
_No estaría mal, pero igual te agobio, o no te dejo trabajar. Mejor me sigo quedando en casa de las amigas de Domi. Ella les pidió que me hospedaran. Ya ves que no tienen muchas comodidades, pero su casa está a mi entera disposición durante un mes, el que pasan de vacaciones en la costa.
Cuando salieron del restaurante, Evelyn se despidió, alegando que tenía trabajo pendiente. No dio explicaciones de su bloqueo del día anterior, pensando que no le convenía exponerse.
_Si quieres te llevo.
Agradeció la invitación, pero prefirió separarse allí en ese momento.
_No hace falta. Llegaré más rápido cogiendo el metro.
Se abrazaron y separaron.
Evelyn se arrepintió al instante. Sabía que se alejaba porque temía perder el control. No había nada que requiriera su atención. Se podía tomar unos días libres.
Cuando estuvo a punto de rectificar y hacerse la concesión, se giró con intención de ir con Jana, pero ésta ya no estaba a su alcance.
Estuvo tentada de llamarle, pero aunque empezó a buscarla entre sus contactos rectificó, pensando que quizás sería bueno distanciarse para ver las cosas con cierta perspectiva.
Transcurrieron tres días hasta que volvieron a comunicarse. Fue Evelyn la que llamó. Conversaron un rato y no quedaron en nada.

Jana 5

Habían quedado a las ocho. Cuando llegó Evelyn ella no estaba. Jana lo hizo a propósito, para que en la espera se impacientara.
Tomó una cerveza y observó las otras mesas. Eso le distrajo en un primer momento. En realidad, no le costaba esperar por la tardanza. Lo que la tenía en ascuas era el temor de no obtener la respuesta deseada. Le preocupaba no significara nada. Aquella de si te he visto no me acuerdo. Dudaba. No se sentía segura. Su vida amorosa no había sido muy variada. Con las mujeres tenía poca experiencia. Había estado casi siempre con Clari.
Llegó Jana en el momento en que sus reflexiones le evadían.
Aunque la diferencia de edad entre las dos superaba los diez años, no se notaba, porque Evelyn parecía mucho más joven. Jana era alta, poco menos que Clari. Y tenía un aspecto ambiguo.
Para esa cita, Evelyn se había puesto unos vaqueros. Le gustaba ir cómoda.
Antes de acercarse a su mesa, Jana la estuvo contemplando un rato. Vio que no daba muestras de inquietud. Sus planes no parecían funcionar con ella.
Se acercó y le besó en la boca, al tiempo que le hablaba.
_¿Hace mucho que esperas?
_Me he retrasado. Mil disculpas.
_¡Qué guapa estás!
_Lástima que aquí no podamos, pero te comería toda.
Sus palabras le desarmaron. Se sintió perdida. Más por su mirada. Le desnudaba.
_¡Vamos!
Le dijo, cogiéndola de la mano, y llevándola consigo.
_Ya cenaremos después.
La subió de paquete en su moto y pasaron por las calles a buena velocidad. Evelyn agarrada a su cintura se veía volar. Perdieron el mundo de vista. Ellas solas.
Aparcaron y se introdujeron en un edificio antiguo, sin ascensor. Fueron subiendo las escaleras intercambiando achuchones y besos. Parando en algún escalón, pasándose la mano por debajo de la ropa. Llegaron al fin a su destino, y allí se entregaron una a otra.
Fue mejor que el día anterior. Ahora sus cuerpos se sabían, se reconocían.
Las horas que separaron un día de otro obraron a su favor. El deseo crecido como la masa fermentada les animaba. Se saciaban en el contacto oficiado con el tacto de su piel.
La noche llevó al día. Durmieron en un lazo de piernas y brazos.
El sol invadió la habitación y cosquilleó en sus párpados, despertándolas.
_¿Tienes hambre?_ preguntó Jana.
_De ti._ le contestó.
Volvieron a amarse. A tomarse y a entregarse.
_Tenemos que comer algo. No podemos vivir sólo de té.
Se ducharon juntas, y vistieron para bajar a la calle.
_Te preguntarás sobre qué hago en París. Te diré que he venido por ti. Porque desde que te conocí he sabido que serías para mí.
Evelyn se quedó sin saber que decir.
_No te asustes. Que no tengo más peligro que el que ya conoces de mí.
Las dos rieron.

Jana 4

Evelyn no salió de su habitación el resto del día.
_Disculpame. No estoy para nadie.
Respondió a Nicole, cuando ésta, llamando con los nudillos a su puerta, le avisaba de la llegada de Adam y Edu.
Tenía ganas de ella. Su cuerpo estaba activado. Hacía tanto que no le prestaba atención, que ahora no tenía contención.
Se preguntó si resistiría la espera.
Le llamó Clari.
_Es verdad. Te llamé poco antes del mediodía. Era para decirte que ha venido a visitarnos Jana.
Tembló su voz. Sintió sonrojo. Y se creyó pillada en falta.
_No sé dónde para. Puede que me llame.
_¿Tienes su número?
_Espera, que lo incorporo a mis contactos.
Le temblaba la mano, y le costaba atinar con el teclado simulado en pantalla.
_La llamaré esta noche.
Clari disimulaba, no queriendo ponerla en evidencia. Conociéndola, sabía lo que estaba pasando. Se alegró por ella.
Pensó que no era bueno el encierro voluntario en que Evelyn se había metido, abducida por la enorme personalidad de Michelle.
Lamentaba no haber sido capaz de librarla de si misma. Para ella era la persona más importante del mundo, y quería que fuera feliz.
Cuando colgó, de inmediato recibió llamada de Jana. Quería saber cómo estaba y desearle las buenas noches.
Escucharla le excitó. Su voz acariciaba su piel.
Esa noche le costó dormir. No paraba de dar vueltas. Se levantó y fue a la terraza. Allí vió amanecer.
Al día siguiente no bajó al taller. Se quedó durmiendo hasta el mediodía, momento en que Nicole le avisó, para ver si quería comer. Se levantó a tomar algo y se retiró de nuevo. Tenía la sensación de llevar escrito en su cara lo mucho que deseaba volver a estar con ella.
Le inquietaba la incertidumbre. No habían quedado, y su espera no tenía referencia.
A las seis de la tarde le llamó, citándola en un local.