>Saia

>Iba distraída, entretenida en sus juegos de niña.
La memoria no le daría visos de lo que había sido testigo.
El grupo avanzaba, como si nada pasara.
El ciclo cumplía y lo que contaba era su supervivencia.
Nada de lo que para nuestro tiempo es significativo tenía valor en su mundo.
Se entretuvo recogiendo esos frutos que la guía distribuiría.
Lo hizo perdiendo el rumbo.
Cuando quiso darse cuenta, era anochecido.
No temió.
Los miedos son algo que construye la mente, y para ello se hace necesario un previo que ella desconocía.
Se acomodó al lado de un frondoso árbol y preparó la que sería su cama para esa noche.
Hojas secas hicieron un mullido lecho.
Durmió bajo las estrellas de un cielo primero.
No supo si tuvo compañía.
Diríamos que la anciana veló para que ningún ser siniestro se posara en su lecho.
Cuando despertó emprendió el camino siguiendo el rastro del que creyó eran los suyos.
No fue así.
Tardó en darse cuenta de lo equivocado de su decisión.
Si hubiera mirado con cuidado, habría visto que la profundidad y medida de las huellas no se correspondía a las de quienes conocía.
Una silueta vaporosa e indefinida parecía estar a dos pasos de ella.
No supo qué sucedía, pero sí notó la serena calma que siempre sentía en compañía de su guía.
La anciana velaría por que la continuación de la línea de la vida no perdiera el futuro y con ello el grupo dejara de existir.
Las piedras del camino brillaban en ese momento del día en que el rocío las deja húmedas y el impacto del sol las acaricia.
Raixa olvidaba la soledad mientras se dejaba atrapar por ese mundo virgen que la rodeaba.
A lo lejos una columna de humo anunciaba presencias.
No conocía el fuego. Sólo el del rayo que desgarra el árbol o centellea sobre la roca.
El humo no era presagio.
A la puerta de una cueva, un grupo de seres parecidos a los de su especie organizaban un refrigerio matinal.
Niños y niñas correteaban.
Eso la pudo animar, pero algo distinto la desconcertaba.
Eran como el barro húmedo.
Ella recordaba los cabellos rubios de los de su grupo.
Una mujer que atendía la cabeza de otra, quitando con las uñas lo que después se llevaba a la boca, se percató de su presencia.
Dejo su tarea y se acercó a ella.
Tomó barro de un rincón y la embadurno.
Saia no pensó. Actuó.
Una niña más en el clan sería enriquecimiento.
La anciana desapareció mezclando su presencia con el humo de la hoguera.
Habían llegado al lugar en que el futuro quedaba en buenas manos.
La comunicación mental no entiende de idiomas.
Raixa viviría como una más hasta la edad en que floreciera.
Entonces ella volvería para guiarla.

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>Raixa

>-Es necesario ponerse al trasaire-, anunció la anciana que guiaba el grupo de niñas entre las montañas.
Los hombres rodeados de niños y ancianos, la miraban en todos sus movimientos.
Respondían a sus gestos, más que a las palabras.
Éstas a penas les llegaban.
Las mujeres no necesitaban ni gestos ni palabras.
Recibían el mensaje desde las raíces que la tierra albergaba.
Habían llegado a ese estado del ser en que la vida se aúna reduciendo distancias.
Quedaron en descanso esperando que las niñas se acercaran con los frutos que la anciana repartía para el sustento del grupo.
Ella tomó uno y, presionando la lengua sobre el paladar, dejó que su esencia vital la recorriera.
Eran bayas rojas recogidas de arbustos a lo largo del camino.
Marcia, se alejó del grupo y pensó.
Pensar era algo que ignoraba.
Sabía y sentía.
Formular frases que sólo ella podía escuchar, era inaudito.
Nadie pudo apercibirse de su alejamiento.
La anciana con disimulo desvió la mirada mientras supo que esa joven se alejaba.
-Deberá cumplir su destino, el que sólo a ella se presenta.- Siseo en sonido casi imperceptible.
Raixa llegaba en ese momento a recoger otro pañuelo cargado de frutos.
La niña supo, pero guardó silencio.
En parte por no saber a qué atenerse.
La anciana captó su desconcierto.
-Ya te llegará el día.- Dijo, en el lenguaje de la mente.
Las palabras golpearon el alma de la niña, dejando un rastro helado que la quemaba.
Su mano izquierda apretó su frente, como queriendo recoger algo que en ella penetraba.
Guardaría el secreto sin saberlo.
Llegaría el día en que como a Marcia, a ella le madurara.
Ese día se alejaría del grupo para organizar su propia comuna.
En cada generación, una de ellas era la elegida.
Era la que sabía y veía.
La anciana sonrió.
La vida cumplía su ciclo.
Podría dejar su cuerpo en las raíces y olvidar.
Raixa sintió que una lágrima afloraba.
No sabía qué significaba.
Un cántico se impuso.
La anciana cayó abatida.
Marcia tomo su lugar y el grupo reanudo su marcha.
Raixa miraba atrás.
Una estela iluminada ascendió, dejando un montículo de musgo que parecía brillar.
Se frotó lo ojos descreída de lo que veía.
Las otras niñas correteaban alrededor de la nueva guía.
Ella sabía, aunque serían lustros los que la llevarían a ocupar ese lugar.

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>Madre nieve. Cuentos.

>Por alguna razón, que nunca sabré desvelar, hoy me he acercado al mundo de los cuentos, pensando desde la mirada de la niña que se recuerda con un cuento, en la mañana, tras la noche mágica, del día de Reyes.

Estaba visionando imágenes y me he acercado a las que anunciaban paisajes nevados, pero ante mí…

…me ha hecho recordar aquel cuento de…

Empiezo a buscar, hasta que al fin se perfila lo que quiero encontrar.

http://herver.musicaviva.com.ar/Escarcha.html

CUENTO: MADRE NIEVE

Los hermanos Grimm

http://www.magazine-deutschland.de/issue/Grimm_6-05_SPA_S.php

http://members.fortunecity.com/fabianvillegas3/download/grim.htm

http://www.grimmstories.com/es/grimm_cuentos/index?page=2

http://www.grimmstories.com/es/grimm_cuentos/madre_nieve_frau_holle

No era éste el cuento de mi infancia, pero es uno de los muchos cuentos que la llenaron, acercándome al mundo que recrea mi vida de lectora empedernida.

Uno de mis proyectos escribidores se relaciona con todo lo que aquí antecede. Mi mundo de Hadas.

AnnaSB, 9 de diciembre de 2007

http://www.librodearena.com/nosotras/blog