Identidad

Hay un momento en que el espejo nos devuelve una imagen desconocida. Eso se debe a que nos solemos poner ante él en rutinas, sin ver.
Actualizar la percepción visual de nosotras mismas es un acto de sinceridad difícil de afrontar. Más aún, cuando vivimos rodeadas de falsas proyecciones de las demás.
Ese día reconoces que estás lejos de saber lo que ven de ti.
Ves semejanzas y similitudes inclusivas que denotan la participación en un colectivo del que no se diferencia aquello que mentalmente constituye la imagen que tienes de ti.
El entorno absorbe tu presencia incluyéndote en su propio paisaje.
Cuando sientes su presión y te ahogas huyes hacia ninguna parte.
La identidad siempre es contextual.

>De derecho igualitario quiero ser partícipe

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No me golpeas, pero me hieres cerrando el cerco de mis emociones.

Eres galante y considerado.
Crees que con eso me das paso.

Quiero un trato de igual.
Quiero tu mirada real.
Quiero que intentes saber quien soy.
Quiero que cuando me ames, lo hagas desde la punta de los pies a la cabeza, y viceversa.
Quiero que afrontes mi diferencia, no por mujer, sino por mi identidad y subjetividad.

Es posible que tengamos que desaprender y volver a empezar.
Así será.

Déjame hablar, no lo hagas por mí.
Déjame pensar.
Déjame ser.

Quiero existir como persona.
Sujeto y no objeto.

No recabes en mis fallos y errores.

Favorece que mejore en tu compañía.
Haz que me sienta útil en esta vida.
No vientre parturiento, ni gestora de un mundo interno.
No sólo las emociones se ponen en juego.

De derecho igualitario quiero ser partícipe.

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