Identidad

Hay un momento en que el espejo nos devuelve una imagen desconocida. Eso se debe a que nos solemos poner ante él en rutinas, sin ver.
Actualizar la percepción visual de nosotras mismas es un acto de sinceridad difícil de afrontar. Más aún, cuando vivimos rodeadas de falsas proyecciones de las demás.
Ese día reconoces que estás lejos de saber lo que ven de ti.
Ves semejanzas y similitudes inclusivas que denotan la participación en un colectivo del que no se diferencia aquello que mentalmente constituye la imagen que tienes de ti.
El entorno absorbe tu presencia incluyéndote en su propio paisaje.
Cuando sientes su presión y te ahogas huyes hacia ninguna parte.
La identidad siempre es contextual.

¡Estás allí!

Vienes a verme.

En el silencio impenitente.
En los pasos del día.
En la noche.
En este viaje que dura.
En este paseo que no perdura.

Vienes a verme.

Recorres los pensamientos y asistes mis sentimientos.
Estás al lado y dentro.
Eres silencio.
Eres noche y día.
Eres mi invento.
La vida contigo recorro.
De ella me alimento.
La ilusión perdida reconstruida.

Vienes a verme.

Me das alas y aliento.
Alimentas con tu silencio la esperanza.
Estás para que no cuelgue la toalla.
Vigilas que la noche de mi alma no aniquile su existencia.
Esperas con paciencia a que los bucles oscuros no me anochezca corriendo el velo que da paso a la luz que ilumina y presenta formas que me admiran.
En el transcurso de los momentos planos estás allí.
Impides que corte el hilo de la cordura y me adhiera a la locura que aniquila.

¡Estás allí!

¡Vienes a verme!

>EN AQUELLOS TIEMPOS…

>

Una novela que puedes leer siguiendo los enlaces.
En uno de mis blogs, El mundo de las hadas de Annahttp://myfairies.blog.com/
Esta novela fue precedida de un relato.
EN AQUELLOS TIEMPOS REMOTOS LOS CAMINOS LLEVABAN A CUALQUIER PARTE.
Nuestra heroína era una muchacha de ojos dispuestos a recorrer los pasos del Norte sin pestañear siquiera.
No había nadie, en la comarca de Gurdn, capaz de sostener su mirada.
Ella había visto la muerte de cara sin temer por su suerte. Había viajado entre nubes de polvo y días sin lluvia con la boca seca sin reclamar para sí gota alguna.
Entregó a los ancianos todos sus víveres y líquidos, superando la prueba manteniéndose en estado de semiactividad.
Consiguió parar los golpes de deterioro del cuerpo mientras a su paso caían otros, víctimas, cediendo paso a la nada.
Tenía el kay. Ese poder que sólo una de la Comuna hereda. Le había sido legado desde la más tierna infancia. Cuando en ningún momento reclamaba atención por el llanto como suelen hacer los humanos en sus primeros …
Ese relato disparó la magia de esas letras.
Día a día, tomaba mi cuaderno y me dejaba llevar por los personajes en su aventura.
Lo posteaba sistemáticamente y la interacción con mis amigas y amigos blogueros me alimentaba.
Fui a la casa de mis padres, con ese cuaderno y las primeras hojas impresas. Pasaría con ellos el verano.
Leí a mi madre todo lo que llevaba impreso y allí se creó una pauta que duró mientras estuve con ellos.
Volví con la novela sin acabar, pero no la dejé de lado.
Cuando la terminé, empecé con otra que todavía espera que la retome.
Después vino otra, y otra más.
Todas ellas sin terminar.
¿Qué impidió que siguiera con ellas?
La vida.
Hay muchos retornos.
Cuando vuelvo de esos viajes de ida y vuelta, no soy la de antes.
Eso se refleja en mis letras.
He dejado de escribir fantasía.
Este verano escribí una novela que está por reescribir. La terminé, pero ese reescribir lo dejé de lado.
Jugué con sus personajes haciendo que tomen la palabra en un blog que espera su voz.
Cuando me muevo entre versos, la narrativa se ausenta de mí.

>Nadie puede señalar al otro descalificando

>De nuevo ante esta pantalla en blanco. Página simulada.
El sueño no me alcanza.
Es mucho lo que zozobra en mi interior.
Bulle en desorden una energía que no me permite dar paso al descanso necesario.
Un día intenso antecede.
Es eso.
No consigo desconectar de lo que con intensidad vivo.

Hoy mi sobrina ha estado receptiva y comunicativa.
Será que empieza a salir de esa crisis tontera en que estuvo tiempo atrás.
Sus cambios me pillan fuera de juego.
Me ha alegrado poder compartir un rato al teléfono.
Cuando niña, era mi niña.
Ahora debemos aprendernos la una a la otra.
La vida es cambio.

Hemos salido a caminar, pero no hemos llegado a la orilla del mar.
Ayer, tampoco.
Está allí, y a penas lo visitamos.

El día fue luminoso.

Ahora me siento espesa, pero al tiempo activa e inquieta.

Ella duerme.

Yo he tenido que volver a entretenerme con este artilugio que parece imprescindible.

Lo cierto es que hubiera podido tomar lápiz y papel.
Otras veces lo he hecho.

Horas de alerta y seguimiento.
Había entrado a participar en un grupo que me había captado.
Parecía ser un sitio válido.
Se propiciaba hablar de cosas interesantes.
Pero no todo iba por el buen camino.
Sorprendida, pude ver que se manifestaba la intolerancia y el rechazo.
Una compañera ponía su queja.
Seguí el hilo de esa conversación y pensé que ese no era mi sitio.
No me quedo allí donde se rechaza por razones trasnochadas y carcas.

De todo aquello, queda mayor conocimiento y recelo.

Argüí una historia en la que mis personajes no se veían en problemas semejantes.
Pienso que ese ideal está lejos de alcanzar.

Mi deseo para este año era la tolerancia y el respeto.

Escribí al final de una carta que escribí a un amigo:
“La tolerancia es muy difícil de aplicar.
Se es tolerante con lo que no inquieta ni pone en cuestión las propias creencias.
Ponerse en el lugar de la otra, u otro, no resulta fácil.
Muchas veces, la diversidad en estos entornos dificulta ese encuentro.
Es posible que nos polaricemos.”

Esas palabras venían dictadas por los acontecimientos que me laceraban.

Es necesario que esas personas que piensan por encima de lo humano en las reglas y normas de sus creencias, empiecen a considerar que hay muchas formas de enfocar la vida, y que deben evitar ciertas posturas de intransigencia.

Incluso se atreven a hablar del pecado ajeno.
No hay pecado si no se viola una creencia asumida, o no se sigue el credo de una prédica.
Tu pecado no es mi pecado.
Tus creencias no son las mías.
No pretendas que me calce el zapato que se ajusta a tu horma.

Vivimos tiempos en que los humanos nacemos en culturas complejas.

Hay un cambio de paradigma que debe darse sin retroceso.

Los grandes poderes de la palabra divina quieren hacer creer que con ella se crea el nexo social que hace de la sociedad algo estable.
Aunque se les desmorona el mundo y la estructura que quieren mantener a toda costa, están en sus trece y claman por un desorden que anuncian por falta de valores de los que se creen deudores.

El ser humano. Las personas cuentan.
No se hace necesaria una mirada externa, cuando el consciente y la consciencia miran al otro y a la otra como parte de la misma cadena del Ser.

Nadie puede señalar al otro descalificando.

Límites que sólo uno mismo sabe dónde están, no pueden ser prescritos.

La autogestión en un entorno de respeto.

No acotes de tal manera que constriñas y evites mi libertad.

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>Letras sueltas en FB

>Puso candados.
Puso alambradas.
Puso carteles que prohibían la entrada.
Deshizo gestos de brazos abiertos.
Se encerró en un hueco del pozo siniestro.
Poco a poco, una luz tintineante, iluminó el espacio.
Una luciérnaga que se hospedaba en las hierbas que en la pared de piedra y barro medraban.

Un ser diminuto
agranda su sombre
y eleva su voz,
queriendo alcanzar
al que se aleja
porque no le oye ni ve.

Al sentir su propio ser
de envanecida figura
sin dar cabida al que,
insignificante,
busca abrazarle con los gestos
de su alma grande y viva.

Hilaba la araña su tejido en
la esquina de la cuna de tu infancia,
siendo ella tejedora enroscada en
seda la mosca mira tu presencia.

Ausente merodeas por los sueños
a los que la vida jamás te lleva.

Estrellas tentaban la Luna nueva
para que ella mirara a tu almohada.

Aletea la pasión asomada
en esa frente húmeda del que siente

>Cadencia al infinito

>Cadencia al infinito.

He salido en tu busca, desde la ciénaga del olvido
para asirme a mi destino.
He palpitado en silencio, enarcando la espalda
en pausado camino.
He querido enredarme, siseando las voces
susurrando mi nombre.

Has tenido las horas secas, del demiurgo que espera
preparando su treta.
Has venido al acecho, encontrándome dispuesta
para tu intento.

Has abierto el cielo, cantando acordes
de coplas al aire.
He salido a tu encuentro, perpetrando en mi alma
palabras sobre mi cuerpo.

No me ofrezcas tus sueños.
No me digas quien soy.
No me ofrezcas tu mundo.

Olvida mi nombre.
Olvida que estuve.
Olvida que fui.

Palpita en el aire la sombra de mi paso por las esquinas del mundo que escribí para ti.

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