Michelle – letras 11

No me atrapes en el cerco de la carne.

No me adhieras a ese espasmo de silencios concentrados.

No me hieras con la daga de tu cuerpo efervescente.

 

¡Dame!

 

Hazte aire en el espacio que alberga nuestros cuerpos.

Pues quisiera ensamblarme a ese dardo que me acecha,

teniéndome dispuesta y subyugada al envite de tus carnes.

 

¡Ven!

 

No te alejes, que me tienes predispuesta a tus encantos,

respirando en tus brazos por los poros de tu cuerpo apasionado,

redimida en las palabras susurradas de tus labios.

Michelle – letras 9

Te ausentas de mí.

¿Qué esperas?

Acaso que aplauda.

Que ría, como si fuera una gracia, como si nada pasara.

No puedo.

No creas, lo intento.

Quiero entenderlo, pero no puedo.

Has abierto la caja de mis truenos.

Voy y vengo caída en desgracia.

Al tiempo, salgo a mi favor, socorro que de ti no espero.

Hasta ahora, verbificaba una conjugación complacida y confiada.

Me siento engañada y herida.

Sé que debo pasar un proceso de duelo, en que habrá momentos en que piense en tu regreso, pero nada, nunca, será lo mismo. Se ha roto la confianza que en lo nuestro sentía.

Caigo en la falta de pensar qué hice mal. ¿Cuándo perdí nuestra posibilidad?

Me digo que estas cosas pasan, que nada perdura, que, como se dice, caduca.

Michelle – letras 8

Una relación pasa por bosques oscuros y enredados. Esa simiente interior es una enredadera que va perdiendo fuerza. Pienso muchas veces que ha valido la pena, que la unión de hoy no ha sido gratuita, y que su precio era ese. Controlar reacciones adversas no me hizo daño, al contrario, porque no tenerlas me libro de su resaca y consecuencias. Además, compensó, porque vino a mí, cuando vio que podía prescindir, de ese vínculo. Si no hubiera venido, yo hubiera seguido mi camino, y ahora estaría en otra situación, recordando lo bueno.

Michelle – letras 6

Sus pechos eran al tacto, de mis besos y mis manos. Apuntaban con firmeza, y ofrecían su tersura puntiaguda, dándome pie a seguir, explorando más, recorriendo la línea media que de su ombligo descendía al cubículo en que introducía mi lengua inquieta, deseando la abertura cálida dilatada y receptiva. Quería amarla. Entonces y siempre.
No se quedaba conmigo. Se iba, dejando su huella allí donde minutos antes desgarraba mi llanto desbocado enloquecido.
No conciliaba el sueño. No era posible. Imaginaba su sombra en la noche, yendo a lugares para mí inaccesibles.
Negaba decirme más de lo nombrable. Quería secreto.
Volvería a mí. Sin premeditarlo ni acordarlo.
La espera me tenía ocupando mi imaginación en posibles juegos, para retenerla más tiempo; pero no me valían tretas, era ella quien ponía reglas, vendando mis ojos, mientras susurraba arias célebres en un crescendo audible a corta distancia. La que achicaba, ofreciendo su desnudez a mis sentidos.
No me cansé de ella.
Un día dejó su juego.
Nos miramos y hablamos. Dormimos juntas.
Abrazadas.

Michelle – letras 5

Pierdo la voz.

Ahogo el sentido.

Me extravío.

Hiero al silencio con mi quejido.

¿Por qué te has ido?

Son ti no vivo.

Los sueños son dulces, aunque el despertar me cruje.

Quiero quedarme en ellos, cuando te tengo en la onírica representación de mi deseo.

El día es triste, porque aunque quiera, te tengo lejos, y sólo puedo mirar en mis recuerdos, que cada vez son menos.

Me revelo.

No quiero perderlos, pero no puedo contenerlos.

Ellos y tú se han ido yendo.

Me contengo.

Evito el vacío.

Intento adherirme a los pasos que llevan a otros posibles.

Me revelo ante la certidumbre.

Nunca más te tendré a mi alcance.

Sólo me queda escucharte y mirarte, e imaginarte, en esa distancia de cuerpos que no se alcanzan, que no se huelen, que no tienen oportunidad de tocarse.