Neira

Mamá me buscó en sus últimas relaciones con hombres. Según ella, promiscuas.
Dice que soy fruto del amor y del deseo, no hacia ellos, sino al que sintió buscando quedarse embarazada. Que el amor le vino, como una ola, cuando se sintió embriagada por primera vez en brazos de mujer. Entonces no separaba unos de otras. Actuaba siguiendo su instinto y piel. Bisexualidad que parece abandonó cuando me engendró.
Me crié en esa exclusividad que me dio tenerla sólo para mí.
Se las apañaba bien. Tampoco le compliqué demasiado la vida. Comía y dormirla, dejándola descansar. Decía que estaba hecha de buena pasta, que me hice a sus tiempos, en lugar de tenerse que hacer ella a los míos.
Por las mañanas salíamos de casa en la misma dirección. Me dejaba en la guardería media hora antes de que empezara su jornada laboral, en una escuela situada a pocos pasos.
Cuando venía a darme mi ración, en ese tiempo que le concedían, me sacaba a un parque próximo, y allí, a la vista de todo el mundo, sacaba su pecho para darme de mamar.
Cuenta que cubría mi cabecita con un pañuelo de seda, regalo de mi abuela. No su pecho, que lucía orgullosa y con descaro.
No ocultaba su condición, aunque no eran tiempos fáciles; pero dudo que hubiera alguien capaz de achicarla. Mi madre siempre ha sido muy brava.
Me puso Neira. Dice que lo derivó de Nereida, el primer nombre que le vino a la cabeza.
_No iba a llamarte de cualquier manera. Cuando lo dije en voz alta me sonó a nácar y flor perfumada. Ya te había tenido y olías tan bien, que no podía escoger uno cualquiera para nombrarte. Debía escuchar tu corazón. No quise escogerlo antes. Tampoco saber quien eras, hasta tenerte en mis brazos.
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Relato

Precipitadas compañías

−Tenemos que hablar.
−¿Cuándo? Porque ahora no va a poder ser. Pudiste empezar antes. Me tengo que ir. Ya hago tarde. Cinco minutos más y me pierdo la clase.
−Pues nada, tú a lo tuyo.
−¡Cómo eres! No ves que no puedo andar perdiendo el tiempo.
−¡Qué me dices! Que pierdes el tiempo. ¿Qué soy yo para ti? Ya veo.
−No te lo tomes mal. No es lo que dices. Podemos hablar otro rato, a no ser que consideres debamos hacerlo ahora, y en ese caso, ni clases, ni nada. Tú eres lo primero. Pero como siempre se te ocurren las cosas en el último momento, pienso que puede esperar. Tú dirás.
−Nada. Marcha.
−Nada, no. Ya me tienes mosqueada. Te noto enfadada. Si te ofendí, perdona.
−No es nada. Lo hablaremos más tarde.
En ese instante, Eli se desanimó. No se sentía con fuerzas para plantear que pensaba que la relación no iba buen. Que se sentía desmotivada. Que quería pasar unos días sola, para poner orden a sus ideas. No lo había planteado antes, porque le costaba hacerlo. Era cierto que no era el momento, pero cuál sería.
Se habían conocido en un momento festivo, entrando por el juego de la seducción, y a los pocos días empezado a vivir juntas, sin apenas conocerse. Reme era agradable de trato, y no costaba convivir con ella, pero tenía sus rutinas, y Eli empezaba a darse cuenta de que lo que había hecho, había sido amoldarse a su amiga, adaptando su ritmo al suyo, y perdiendo su espacio personal, que quedaba absorbido por el de la otra.
Los primeros días, la pasión ocupaba todos los momentos. Era una sensación maravillosa. Estar juntas les ofrecía lo mejor, pero esa fogosidad fue apaciguándose, y la situación se le volvió oclusa. Necesita salir. Quería hacerlo, pero sin hacer daño. Se sentía extraña.
Podía volver a su casa, y recuperar su mundo. Le ahogaba seguir allí.
Cuando la vio marchar, mientras ponía en marcha el motor, decidió hacerlo. Ya la llamaría y quedarían, pero esa noche volvería a ver los sueños en su almohada.
No tenía mucho que recoger. Su equipaje era el que cabía en una maleta y una mochila. Miró lo que dejaba atrás y respiró.
De pronto sintió que su cuerpo se aligeraba, que empezaba a circular la sangre animando sus músculos y pensamientos.
Ni una nota. Cuando Reme llegó. El silencio y oscuridad le devolvieron a aquellos días en que vivía sola.
−Entiendo. Era que te ibas. –dijo en voz alta.

Evelyn 8

No volvimos a hacerlo. Cerré el taller y me fui. No podía seguir cegando mi vida en la de Michelle. No podía volver a la relación pasional con Jana. No podía ir de nuevo a la vida de Clari, porque aunque sabía que la amaba, también sabía que el camino que iba de ella a mí se había esfumado para siempre, y que debía dejar que ella hiciera su vida.
Jana lo advirtió de inmediato.
_Nunca me mirarás como la miras a ella._ me dijo, cuando se despedía al día siguiente.
Me marché en busca de mi destino. Aunque Michelle obró por mi vida, era el momento de ser yo su artífice.
Buscar mi destino dejando atrás todas mis seguridades me pareció ineludible.
Podía buscarme la vida en un pueblo español. No era nada fácil encontrar trabajo, pero fui trampeando.
Para no preocupar a los míos, fui dando señales de vida.

Jana y Evelyn 2

Clari no vino sola. Le acompañaba su nueva amiga, Raquel.
Después de darle vueltas a cómo me sentiría desnudando mi intimidad con las dos, la situación era otra. No me atrevería a algo as con una desconocida.
Lo que para mí era impedimento para Jana era divertimento. Me dijo que lo podíamos hablar estando las cuatro juntas en un momento propicio. Que ella ya había vivido experiencias similares, y que no hacía falta conocerse previamente, sólo favorecer el ambiente del momento con conversaciones que lleven a proponerlo.
Me comentó que ya había hablado con Clari, y que ella estaba abierta a la experiencia. Que la amistad podía ser mayor si se rompían las barreras del contacto físico. Y que prepararía a Raquel, que seguro aceptaría.
Los primeros días no hubo ningún contacto físico. Nos juntábamos a comer o cenar en un restaurante y hablábamos de nuestras cosas. Yo les di a conocer muchas de mis investigaciones sobre Michelle. Esa fue la veta que nos acercó a nuestro objetivo. Quisieron ver las sesiones fotográficas que ella recopiló en los tiempos en que sus modelos se entregaban a orgías carnales.
El taller estaba situado en la parte baja del edificio, ocupando toda la planta, con un patio cubierto por un techo traslúcido, correspondiente al patio interior de la casa, por el que se filtraba la luz del día.
Extendimos esterillas en el suelo y sobre ellas unos cojines. Nos desnudamos las cuatro. Pusimos unas velas encendidas y quemamos incienso. Bebimos un licor de hierbas que Clari y Raquel habían traído, y con música de fondo, nos sumergimos en el tacto de nuestra piel.
Sacamos aquellos juguetes que Jana y yo nunca habíamos utilizado, y nos embriagamos jugando con ellos, escalando en la lujuria coral. Fue un éxtasis y un frenesí que me arrebataron. Disfruté sin control y con pasión, dejándome llevar y pasando de una a otra. Volví a verme en los ojos de Clari, y lloré por lo mucho que la amaba.

Jana y Evelyn 1

Lo intentaron. No se acomodaban a estar en la casa de Michelle. Su pasión requería de intimidad. Allí era imposible. Aprovecharon el piso de las amigas de Domi durante un par de semanas. Se entregaron a la exploración de los sentidos. Les parecía que fue ayer, cuando supieron que no podrían seguir solas, porque regresaban.
Volvieron a la casa, pero se instalaron en el taller, dejando claro que no estaban para nadie.
Salían por la noche a pasear cogidas de la mano. Todo les movía a reír. Eran felices.
Jugaban con el placer, buscando nuevas sensaciones. En ellas brotaba con sólo imaginar y compartir sus fantasías.
En un arcón encontraron juguetes que pudo utilizar Michelle con sus amantes. Aunque no los usaron, verlos e imaginarlos les excitaba, y eso les bastaba, porque sus cuerpos se acoplaban. También fotografías que proyectaban incitándoles a tocarse y saborearse, siguiendo su instinto desatado.
Leían sus versos y comentaban. No había nada que se interpusiera en su relación. Podían quererse y estar juntas siempre que así lo quisieran.
Nicole no importunó en ningún momento.
En alguna ocasión subieron al piso, a ducharse y a disfrutar de la cama, en momentos que se sabía no había nadie. Aprovechando para comer alguna cosa.
No estaban preparadas para el cotidiano transitar. No todavía. Estaban conociéndose y explorando una en otra.
Fue Clari la que interrumpió ese idilio. Llamó a Jana, diciéndole que llegaba.
Para recibirla se instalaron en la casa, y compartieron su tiempo con los demás.
Jana vio en ello la oportunidad de estar con las dos. Se lo hizo saber a Evelyn. Ésta tenía sus dudas, pero aceptó. Quedaba saber cómo lo encajaría Clari.

Jana 7

Nicole atendió el interfono.
_Ahora le aviso.
Llamó al taller.
_Es tu amiga, que te está esperando en el portal.
A Evelyn le dio un vuelco el corazón, cuando le escuchó.
Nerviosa, no sabía si subir a arreglarse, o ir de inmediato a su lado.
Hacía una semana, desde que ella entrara en su vida trastocándolo todo. Esperaba su aproximación. Quería estar con ella. Salió en su busca.
_¡Ven!_ le indicó.
Jana entró tras ella. La abrazó y besó.
_Bajamos. Te enseñaré el taller de Michelle.
Juntas, entraron y allí, en la intimidad se amaron.
_¿Por qué tardaste en venir a mí?
Gemía y clavaba sus uñas en su espalda.
_Quería que me desearas.
Le decía abriendo sus entrañas con ardor, desprendiéndole de su ropa, y acariciando las curvas y ángulos de su cuerpo.
_¡Te deseo! ¡Soy tuya! ¡Te pertenezco!_ decía Evelyn con lágrimas de placer.
_¿Qué haces de mí? Sin ti no sabré vivir. Me has herido y poseído.
_No temas. Todo este amor es tuyo. También te deseo.
Era un encuentro más ferviente que los anteriores.
_Lo he pensado mejor y he decidido quedarme a vivir contigo, hasta que esto se acabe.
No sabía si reír o llorar. Los días en que temía no volver a verla se martirizaba, pensando en que había cometido algún error que le había alejado.
No se separarían. Se entregarían a ese conocimiento que diviniza la vida.

Jana 6

_Yo no tengo lujos que ofrecerte.
_Yo tampoco. La casa en la que vivo era de Michelle. Pasará a ser de Adam.
_Nunca tuve nada mío. Aunque lo parezca.
_Nines lo dejó todo cuando la perdió.
_Yo me he quedado investigando los papeles de Michelle. Ese es mi trabajo en estos momentos.
_No me quejo. Siempre he tenido la vida resuelta.
Esa era su conversación mientras tomaban un almuerzo en un restaurante.
_Puedes venirte a la casa de Michelle, si quieres. Hay sitio de sobra.
_No estaría mal, pero igual te agobio, o no te dejo trabajar. Mejor me sigo quedando en casa de las amigas de Domi. Ella les pidió que me hospedaran. Ya ves que no tienen muchas comodidades, pero su casa está a mi entera disposición durante un mes, el que pasan de vacaciones en la costa.
Cuando salieron del restaurante, Evelyn se despidió, alegando que tenía trabajo pendiente. No dio explicaciones de su bloqueo del día anterior, pensando que no le convenía exponerse.
_Si quieres te llevo.
Agradeció la invitación, pero prefirió separarse allí en ese momento.
_No hace falta. Llegaré más rápido cogiendo el metro.
Se abrazaron y separaron.
Evelyn se arrepintió al instante. Sabía que se alejaba porque temía perder el control. No había nada que requiriera su atención. Se podía tomar unos días libres.
Cuando estuvo a punto de rectificar y hacerse la concesión, se giró con intención de ir con Jana, pero ésta ya no estaba a su alcance.
Estuvo tentada de llamarle, pero aunque empezó a buscarla entre sus contactos rectificó, pensando que quizás sería bueno distanciarse para ver las cosas con cierta perspectiva.
Transcurrieron tres días hasta que volvieron a comunicarse. Fue Evelyn la que llamó. Conversaron un rato y no quedaron en nada.