Michelle (poema a la amada)

Ardo en la hoguera de tus besos, resiguiendo la línea de tus pechos en un rito angulado impenitente, que atraviesa con su daga nuestros sexos acuosos incandescentes.
Hiere y arremete con ímpetu tu deseo en el mío.
Somos una en el instante.
Ya sin aire.
Grito y gimo.
Salto y brinco.
Rio y lloro.
Es infinito.
Abro el cuerpo en tu regazo.
Somos agua.
Somos viento.
En un solo pensamiento.
Tú mi dueña.
No soy nadie.
Me has robado.
Me has asido.
Me has tenido.
¿Qué será de mi destino?

>Hubo un tiempo

>

Hubo un tiempo en que nos tuvimos.
¿Fue corto?
Hubo una estancia en que estuvimos.
¿Fue un sueño?

Nos dijimos, y pensamos sobre nosotras mismas, que éramos amantes.

En ese tiempo las palabras buscaban confirmarse.

Releo lo que escribí aquella tarde.

Si pudieras escucharme, te sorprenderían mis dudas.
¿Tuvimos ese encuentro?
¿Son fantasías?

No diferencio lo propio y vivido de lo argüido.

¡Éramos tan jóvenes!
Esto sonará a tópico.
No reparamos en disimulos.
Nos la jugamos yendo de la mano y jugando a darnos besos robados, ante los ojos alarmados de transeúntes que nos evitaban.
Descubrimos el mundo una a través de la otra.
Todo era sonata y color.
Era amor.
El nuestro.
El que nunca se repitió.

Te busqué en otros labios.

Nunca encontré el mismo sabor ni tacto.

¿Lo nuestro fue amor?
¿Fue pasión?
¿Dónde hacer la diferenciación?

Cada amante vivido nos presenta ante nos.

¿Fue amor?
Yo diría que no.

¿Fue pasión?
Tampoco.

¿Qué fue?

Si supiera la respuesta, no quedarían versos para mi intento.

Te recuerdo, bajo el manto de un relato apropiado.

Ese impulso que se hizo obsesión en quererte y adorarte caducó.

Ese impulso renació en otros cuerpos, materiales o no.

He muerto tantas veces que a penas reconozco el retrato que me hago.

Es pasado.
De él me he descabalgado.

Allí hemos estado.

¿Dónde estás?
Ni lo sé, ni me preocupa.

Tú por tu lado.
Yo navegando.

La deriva es una figura que a veces se dibuja.

Sensatez mata el vuelo.
Alas rotas que se quedan en un sueño.

Debí haber muerto definitivamente.

No lo he hecho.
Es mucha la curiosidad que me hace continuar.

¿Por qué traigo a mí tu recuerdo en abstracto?

He idealizado.

Eres joven y tersa en mi memoria.
Yo he perdido esos atributos a cambio de vivir.

Imagino que tú también, pero, como te alejaste o te alejé de mí, esa es la imagen que quedó de ti.
Indefinida.
Recuperada en fotografías que oculto en el fondo de un cajón.
Tu mirada orientada a la mía.
La que el espejo ya no escribe cuando me mira.
La que en tu reflejo perdí.

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>APUNTE 65

>Escribía como si en ello le fuera la vida.
Es que le iba.
Esa fue la razón que la tuvo tiempo ante el ordenador.
Dejó de lado papeles y lápices.
Tiempo atrás, instrumentos para sus vuelos de paloma.
Al principio, imprimía para leer y leerse.
No recuerda cual fue el momento en que sus dedos ágiles tomaron el tiento, desgastando las letras más concurridas.
La e, una de ellas.
La a, por supuesto.
La ese, la o y la ele.
No sólo esas.
Ene y eme, se jalean en confusos velos de invisibilidad, llevándola a confusiones por no saberlas tantear.
Otras letras, entrevistas.
Sin embargo, necesita iluminarse el camino para no perderse.
Aunque los dedos saben sin verse.

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>APUNTE 34

>TIRITA LA CARNE

Tirita la carne

el corazón se hace trizas
se rompen los arcos y cuerdas
amor en esa esquina
la del encuentro fortuito
la de la letanía
rompen los ecos del alma
la carne que resucita

Al fin el deseo no es otro

que el de yacer unos con otros

Si negamos que la carne se conduce y reconforta

¿En qué quedamos?

En lúgubre propuestas

que llenan de dolor y deseo insatisfecho

No hay más hecho

que el de la carne que pide

y la respuesta que alcanza

Anna SB, 2 de Junio de 2007