Con suerte

Con suerte

Regresaba de la academia. Iba ilusionada. Serían las diez. Había decidido aprender inglés.

Para terminar ese curso, tuve que volver el resto de días acompañada por un amigo, que venía a buscarme. El trayecto de la academia a casa era de ir andando. No seguí ese plan de estudios.

Tardé tiempo en recuperar la confianza. Incluso de día. Siempre me sentía vulnerable. Cambiaba de acera, ala menor sospecha. Me metía en un lugar público. Incluso paraba un taxi, para ir a mi destino, sin necesidad.

Salieron de detrás de una cabina. Eran dos. No pensé. Grité. Algo punzante en mi espalda.

“Ésta no se deja.” Esas fueron sus palabras al soltarme.

Querían que entrara en una calle poco iluminada y estrecha.

Al fondo la acera iluminada por la entrada de un cine. Un hombre indiferente y una mujer joven. 

Ella vino a mí. Me dijo que parecía iba con un par de amigos. Que sólo se percató de que no era así por mi grito desgarrado. Casi perdí el sentido. Ella puso su brazo y me llevó a la barra de bar de ese cine. Me hizo tomar una copa de una bebida seca, transparente y fuerte. Ese trago me devolvió las energías. Llegué a mi casa temblando.

Pensaba que querían robarme. Que no llevando dinero me golpearían. Tardé tiempo en apreciar sus intenciones. Su aspecto era normal. Eran jóvenes. Como yo.

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Sort

Ha estat un camí d’ensurts, més o menys crus.

Quan miro els records, sento que van ser els moments de perill que em van donar el missatge de que la meva llibertat calia protegir-la amb molta cura, prevenint-me del que podria succeir, i encara i així, més situacions em van empaitar.

Un grup de nens més grandets, a l’espai de jocs juvenils del parc. 

Aquell dia, vaig arribar a assaig de ball de jotes, i m’ho vaig trobar tancat. Era a prop del parc. Com nena d’onze anys, vaig desitjar jugar una estona. Quan estava a punt de gaudir-hi, uns nois em van agafar per les cames, però jo vaig fugir, ficant-me entre matolls. Sort que vaig poder evitar el que podia haver patit, però mai més vaig gosar anar a aquell racó del parc, on sempre recordo el fet d’aquell moment. Sort que a sota de les faldilles portava aquells elàstics blaus que ens feien servir per la gimnàstica.

No puc refer records, però pot ser que degut a aquell ensurt, que no vaig compartir amb ningú, fos la raó de deixar de costat aquella activitat.

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Aquí no quedamos nadie

Que despierte

Que regrese

Que vuelva a mirarme

Que me hable

Irse para siempre

Quedarse en recuerdos diversos irreconciliables

Perder la materia en proceso de desarme

Muertes que nos dejan al borde de nuestra muerte

Manolita. Ella quiso reconstruir su nombre. Carmen.

Su madre y su hija. 

Las tres carmenes que están, quiero creer, con mi madre.

¡Qué sola me dejasteis!

Me he ido acostumbrando.

Aquí no quedamos nadie.

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Vencidos

Fuimos los vencidos, antes de haber nacido.

Somos sus rehenes.

Nos hemos creído libres.

Nos hemos perdido.

Hemos descubierto que nada, ni nadie, nos asiste.

Que somos reos a su alcance.

Lamentos.

Sólo eso está a nuestro alcance.

“O te disuelves, o te disuelvo.”

Fue su gruñido argumento.

Allí supe que nunca la ley está de mi parte.

Que a ella debo temerle.

Porque está para rasgarme las carnes. 

Para desahuciarme.

Para exprimir mi alma y desarraigarme.

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