Relato. Inspiración visual 111

-No te quedes allí, que el sol aprieta.
-Estoy cansado. ¡Qué te crees, que soy como tú! Ya llegarás a mis años. Ya llegarás.
-Es por tu bien. Estar bajo sol no te puede hacer ningún bien.
-Vaya tontería. Con la de veces que me quedaba descubierto, mientras trabajaba en el campo. Anda, dame agua, que eso sí que me irá bien. En aquellos tiempos era vino de la bota, pero ahora sois todos unos tiquismiquis.
-Pues ahí te quedas, abuelo. Yo me voy dentro. No te sepa mal, pero no me apetece pasar calor en medio de la nada. Si cambias de idea, nos vamos. En el coche con el aire fresco te espero.

Mira que es terco. Mejor le dejo. No tardará. No creo que esté mucho rato sentado en esa piedra, en medio de las polvorientas ruinas.
De todas formas, él es como los lagartos. Le gusta estar expuesto al sol. Sólo hay que verle con su chaqueta sobre la camisa y los calcetines. Siempre fue friolero.
Le llevo un botellín de agua y me vuelvo al coche. Me entretendré con algo. Suerte que por aquí hay cobertura. No todo se ha perdido.

Esta cría siempre pendiente de mi. No se lo reprocho. Al contrario. Me emociona su cariño. Si supiera que es igual que mi Manuela. Idéntica. En aspecto y carácter. Ya sabe que tienen parecido. Alardea de ello delante de todo el mundo. Pero no que, si no la miro, hace que sienta la presencia de su abuela. Por eso me gusta salir con ella a menudo. Hoy hemos salido sin rumbo. He sido yo quien ha decidido volver por aquí. Después de tantos años he querido enfrentar mis fantasmas. Aquí levantamos nuestro hogar. En una casa de adobe, de la que no hay rastro. Estaba ubicada aquí, donde me encuentro sentado. Cierro los ojos y escucho su voz. Su canto. Ella, siempre alegre, alegraba las penurias del hambre de postguerra.

No quiero nombrar estos recuerdos. Pienso que si lo hiciera se esfumarían como las casas que formaban nuestro barrio.

Lucía cree que estoy aquí por manía, pero no sabe que estoy encarando mis miedos. Todo es pasajero. Nada permanece. Yo también me voy yendo. Es posible que no pueda volver, pero, hasta que mi memoria me alcance, podré ver nuestra vida vivida pisando este suelo.

-Niña. Tengo hambre. Te invito a comer. ¿A dónde quieres que vayamos?
-A cualquier sitio. Voy a mirar los que nos quedan cerca. No estaría mal comer una paella.
-No estaría nada mal. Podemos retroceder. He visto un desvío hacia la playa.
-Vamos.

Mi abuelo tiene algo. Le veo un brillo pícaro en la mirada. Habrá recargado las pilas al sol. Lo que decimos. Como los lagartos.

-Jaja
-¿Qué te hace gracia?
-No. Nada. Estás guapo.

Le dio un beso en la mejilla y emprendió rumbo. Siguieron en silencio, cada uno con sus bucles mentales, hasta llegar a destino.

-Ahora que pienso. ¿Mamá me había traído por aquí? Creo recordar que decía que habíais vivido cerca, cuando ella era pequeña.

Quedaron sus palabras en el aire.

-¡Abuelo!

Él estaba ausente.

 

http://mitologiayleyendas.ning.com/group/inspiracion-visual/forum/topics/relato-inspiraci-n-111

 

Nueva herida

Nueva herida, infringida desde el orden y la razón aposentada en leyes democráticas, que coartan a estas gentes deseosas de vida propia desde antaño.
Deberías conocer sus almas para entender sus deseos.
Les quiero. Llegué de la mano familiar, en la proximidad infantil del cariño.
Mi tío, que si ha mirado, desde ese universo posible del más allá, se habrá horrorizado de tal violencia y desatino.
Él que entró en mi mundo a enriquecerlo, regalándome con aficiones de música e intelectualidad.
Mi prima, que un cancer maldito nos la arrebató. Sus hijos. Mi primo. La Cecilia que acaba de estrenar su pertenencia a esta comunidad.
Mis compañeras y compañeros de afanes pedagógicos.
Mis amistades.
Mis vecinas y vecinos.
Mis referentes culturales.
Mis conocidas y conocidos.
Mis interlocutoras e interlocutores.
Toda esa trama social de esta catalanidad tan preciada.
Duro golpe asestado.
Estuve fuera cuando la sangre se derramó por terrorismo ciego, y estoy aquí sufriendo el latido y el desatino.

Ignominia

Nosotras, personas

Esta violencia de estado se dirige hacia ti, hacia mi, hacia nosotros, hacia vosotros.
No hacía ellos.
Porque ellos no están.
Porque ellos no son.
Porque ellos son entes sin localización ni tangible ubicación.
Porque quienes maneja esos hilos lo hacen desde la ausencia, desde la amoralidad, desde la deshumanización.
Porque no ven.
Porque no miran.
Porque sólo cuentan ganancias y pérdidas.
Tu muerte es la mía.
Tu pérdida es la mía.
Tu pierdes y yo también.
No es una bandera.
Es desde abajo, independientemente de donde vives o donde naces.
Sólo te queda pisar con tus zapatos desgastados las piedras de un camino bañado de la sangre de las personas de tu clase. Seas quien seas.

Le acusarán y juzgarán

Se aleja. Deja atrás el rebaño en su ceguera, cuando abre sus ojos y siente que es máquina o engranaje de represión.
Avanza hacía el lugar al que le habían orientado, para hacerle objeto de una acción de negación y anulación.
Le acusarán y juzgaran traidor.
Le rechazaran si se alejó del vencedor.
Le llamarán desertor o desertora.
Habrá actuado dando sentido y razón a su acción.
Habra superado ese mal instinto gregario de sumisión.

Algún día

Nos engullen.

No puedo ponerme en su lugar.

Su lugar es suyo.

Suyo con propiedad.

Con la fortaleza esgrimida desde su legitimidad. Captada en artimañas. Recibida bajo velos que ocultan su mezquindad.

No hay marcha atrás.

Han trabado el escape y han asentado su fuerza.

Se han adueñado del camino por el que no nos dejan transitar.

Esa rabia nuestra no se puede aplicar. Se apropiaron de nuestra voluntad, con sus trucos y patrañas, con sus hurtos y tretas, con aquellos que decían estar de nuestro lado y no lo están.

Caemos en el foso profundo, del que nada ni nadie nos sacará.

Volveremos en el tiempo. Tras las tumbas que nos acogerán.

Siempre se intentará.

¿Algún día se conseguirá?