Su estar

Esa esperanza vana que se enquista, a la espera de aquello que a cada paso se aleja.
Ese transitar de ausencias
Lo inevitable que apunta a rituales cada vez más vacíos de sentido.
Desencanto de estar en ires y venires rotos.
No se fueron. Ya no están.
Irse da la posibilidad de tornar.
La muerte deja el abismo vacío que espanta porque golpea la propia levedad.
Ahora es instante inasible. Devenir de incontrolable presente.
Duele pensarse en soledad inminente.
No volver a sentir la cálida mirada de aquellos que amaste. La caricia regalada. Su estar.

Silencio

Poco a poco, el silencio se acomoda, atrapando las palabras en la nada de pensamientos ocultos que devienen oclusos.

Romper diques y abrir compuertas de errumbrada desmemoria, deviene ímproba tarea.

Desagrado al que enfrentarse. Desierto del alma. Vacío. Hierro que hiere acuchillando las carnes doloridas, en viaje precario de la vida abocada a su fin, silenciando dudas y quejas, perdiendo el referente de esa mirada pasada que no vuelve en el reflejo esmerilado de una imagen rechazada.

Nosotras

Violencias plagadas de sensación de culpa.
Hacerse respetar.
Sufrir el acoso.
Perder confianza.
El llanto que no libra del trance.

Tras una lectura que golpea mi memoria.

Castrada desde el momento de entrar a formar parte de un entramado social que perpetra el acoso gestual, de miradas ofensivas, proyectadas sobre una, a la que sus similares exigen, y contrarios acosantes.

Esas faldas que dejan las piernas al aire, exponiéndolas al ultraje, del que, siendo víctimas, se nos hará culpables.

¿Sería distinto sin esa mirada de diferentes que nos da atributos encorsetarnos?

Márgenes a los que nos acercamos buscando no ser deseadas, cuando los indicios de gestos, voces y miradas alertan nuestras almas, señalando el riesgo al que expone ese entorno social que desprotege, dando crédito a la fuerza de los suyos, para los que somos objeto de descarga emocional, alimentado desde ese entramado de amo y siervo, hoy puesto a despreciado valor en un capital de exclusión por excedente de fuerza laboral.

Patriarcado y capital que explota a una base adormecida frente a su abuso y enardecida en virilidad.

Caminamos alertadas del peligro, por ser presas propiciatorias de los que al dosificarnos pierden rastro de humanidad, entrando en la vil esencia tetosteronica del que no controla su vida, y quiere sentir el poder dominando a quienes considera tiene bajo su dominio, porque su fracaso como persona envenena su ser.

Los modelos valen más que las palabras, y eso prevalece. La violencia emerge en la desigualdad.

Así te regalas

Enciendo la llama
que abrasa mi alma,
arropada en tu aroma,
café que despierta

Sentidos y voces
perdidas en bucles
de sinuosos silencios
de días y noches.

Hice mi pausa,
descanso ganado,
regalo al esfuerzo,
de un temple de letras.

Palabras y versos,
de un tiento de trazos,
vertidos en fucsias,
sobre la memoria.

Busco mis recuerdos,
deseos de un tiempo,
olvidado tras tupido
vaho de calles oscuras.

Arrastro mis pliegues,
de pasos inquietos,
un sordo quejido,
un cálido aliento.

Instantes se cruzan,
amparan y nutren,
obviando óxido y
desgaste de goznes.

Me rindo a tu sabor,
abriendo mi boca,
dándote paso,
acariciando tu taza.

Así te regalas.

Pausa

Pausa
Instante
Momento

Tiempo de introspección
Paladeo de memoria

Un humeante café sobre el tapete, dejando pinceles y pinturas, para recargar esa inspiración que nos tuvo atrapados sobre ese lienzo vital que del alma interior se va nutriendo, tomando forma y color.

Inquieta o inquieto, artista tensa su lira. Unas veces en trazos, colores y formas de claroscuro reflejo de la vida a que se pertenece, otras, cargada de emociones y sentimientos que buscan liberarse en el arte.

En este caso, pudiera ser yo misma, debatiéndome en ese juego creativo, pero puedo filtrarlo en un sueño de artista de personaje de novela, o en persona conocida. También en esas clases vividas con alumnado a lo largo de mi vida, recorrida entre visos de memoria.

En esta impronta elementos magníficos de lectura y praxis.

Desde esta madurez necesaria, de años transcurridos, revisó sueños de juventud.

No eran los de escribir. Me deseaba pintando, soñando a través de biografías de artistas pasados y próximos.

Mi pausa. Mi momento. Ese instante reconocido desde mi lugar en el universo de la creatividad.

Evoco su aroma, su calidez, su sabor. El café que despierta mis sentidos y anima mis neuronas. Las letras de tantos libros leídos y por leer. De tantos, fuera de mi alcance y que nunca leeré o escribiré.

La vida breve a nuestro alcance.
Tiempo que fenece.
Sueños de ser.