Woman at War review – the mother of all green goddesses | Drama films | The Guardian

Halldóra Geirharðsdóttir is brilliant in this jet-black comedy about a woman fighting to save the planet and adopt a child at the same time
— Leer en www.theguardian.com/film/2019/may/05/woman-at-war-review-benedikt-erlingsson-icelandic-eco-comedy

Ayer, a las 10pm la vi en la 2 de televisión española. Me gustaría verla de nuevo.

Hace tiempo que no siento ese deseo con las películas que veo.

Su emisión coincidía con el partido de los dos equipos predominantes. Cedí la tele y la seguí por el móvil.

Oro

Oro

El del reflejo sobre las aguas dulces sobre la tierra.
El del trigo maduro.
El de la paja.

El del cabello de la niña que dice: “No se puede patatir”. Y entendemos que interiorizó el mensaje de su primer curso escolar.
Restricción contraria a la sembrada en un pasado no muy lejano, en que se aplicaba el mantra de compartir en entornos de aprendizaje, queriendo educar a contracorriente de un individualismo creciente.
Esta pandemia lo ha trastocado todo.

El domingo los vi, en la distancia de no abrazar, sólo mirar. Más de un año. Demasiado para una niña que aún no hizo cuatro.

Transitar

Cuando una persona elige aquello a lo que no se le asigna, lo hace impelido por ajustar su mente a un cuerpo no elegido.

Si el mundo nos traza caminos prescritos, elegir el propio sería menos traumático.

No es fácil vivirse.

Hacerlo es evitar obstáculos y pactos.

El contrato social lo hicieron otras personas en un pasado que nada tiene que ver con el presente.

Nací en el segundo ciclo del siglo veinte. Me hice en un mundo vacío de referentes.

Descubrí en los libros otros universos posibles.

Crecí por dentro.
Me quité prejuicios que no se ajustaban a mis pulsiones.
A veces renegué de mi condición.
Me costó amarme. Aceptar mi condición.
Ser mujer en el cuerpo y la mente se trazaba con rasgos que no me ajustaban, pero las condiciones sociales iban cambiando, y favoreciendo mi transformación.
Soy la mujer que no se soñó siendo niña. Porque los modelos cultos y artísticos eran de hombres encumbrados.
La mujer nueva, del siglo veintiuno no sufre mis cicatrices, tiene las suyas.
Y si decide transitar, estaré a su lado. Aunque me cueste ponerme en su lugar.